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🚶‍♂️🚶‍♂️PASEO HISTÓRICO POR LA ISLA DE SAN LUCA (SEGUNDA PARTE)

San Luca en el cuadro de Veronese (iglesia de San Luca)
San Luca en el cuadro de Veronese (iglesia de San Luca)
En este segundo tramo por la isla de San Luca descubrimos el singular Palacio del Caracol (Bovolo), recorremos las plazas de San Luca y Manin (antigua San Paternian) y nos adentramos en la iglesia que constituye el corazón espiritual y el origen del nombre de la isla.

Recuerda que andamos como lo haría un veneciano de los siglos XVII–XVIII.


LA IGLESIA DE SAN LUCA EVANGELISTA


La Iglesia de San Luca Evangelista se alza frente al Rio de San Luca. Era el centro espiritual de la isla, y marcaba el calendario social (bautizos, bodas, funerales), y además

estaba ligada a cofradías (Scuole) y ayudas mutuas.

En la derecha, la puerta de entrada a la iglesa de San Luca, al borde del Río del mismo nombre
En la derecha, la puerta de entrada a la iglesia de San Luca, al borde del Río del mismo nombre. AL fondo la parte posterior del palacio Grimani en el Gran Canal

La iglesia fue construida en el siglo XI en estilo veneciano-bizantino por orden de las familias Dandolo y Pizzamano. Las primeras restauraciones se llevaron a cabo en el siglo XV, patrocinadas por Fantino Dandolo, lo que condujo a su renovación completa en el siglo XVI. El edificio domina la pequeña fondamenta que conduce al Palacio Grimani en el Gran Canal.


DENTRO DE SAN LUCA


Iglesia de San Luca y el fluir de góndolas
Iglesia de San Luca y el fluir de góndolas

Entró en la iglesia de San Luca cuando la mañana apenas había vencido a la niebla del canal. Afuera quedaban las voces de los mercaderes y el chapoteo de los remos; dentro, el mundo parecía detenerse. Se descubrió la cabeza y, casi sin pensarlo, trazó la señal de la cruz, como había hecho desde niño.


Avanzó despacio, con pasos medidos, como si temiera despertar a las sombras. La luz entraba desde lo alto y se deslizaba por los muros, rozando los altares laterales. Al levantar la vista, el techo se abrió ante él como un cielo pintado: San Lucas escribía, concentrado, acompañado por los santos que protegían aquel lugar. El hombre los observó con respeto. San Lucas no era solo un evangelista; era el patrono de quienes daban forma al mundo con la mano y la mirada. Pensó, no sin cierto orgullo silencioso, que aquel santo entendía el peso de crear algo que perdura como Venecia.


Se acercó al altar mayor. El retablo de Veronese brillaba suavemente en la penumbra, y la Virgen parecía inclinarse hacia el santo que trazaba las palabras sagradas. Dicen que San Lucas la retrató del natural, recordó. La idea le produjo un estremecimiento: la fe convertida en imagen, la divinidad aceptando ser mirada. Se arrodilló. No rezó en voz alta; murmuró apenas un deseo sencillo, casi humilde, confiando en que aquel lugar sabría escucharlo.

Luego fue hacia las reliquias. Allí el tiempo se volvía aún más denso. Espinas de la corona de Cristo, fragmentos de hueso, el dedo de Santa Inés: restos frágiles que habían cruzado mares y caído imperios para llegar hasta ese rincón de Venecia. Tocó el relicario con los nudillos, cerró los ojos y sintió una mezcla de temor y consuelo. Si esos restos habían sobrevivido a la ruina de Constantinopla, pensó, quizá también él sobreviviría a sus propias incertidumbres.


Un murmullo lo sacó de su recogimiento. Algunos fieles se reunían cerca del presbiterio: miembros de la cofradía del Santísimo Sacramento. Sus rostros eran serios, concentrados, como si llevaran sobre los hombros una responsabilidad invisible. Permaneció allí un momento, compartiendo el silencio, consciente de formar parte de algo más grande que su propia vida.


Antes de marcharse, recorrió con la mirada los muros, reconociendo nombres ilustres en las pinturas, manos maestras que habían dejado allí su huella. San Luca no era solo una iglesia; era un refugio de memoria, un lugar donde la ciudad se contaba a sí misma en susurros y colores.

Al salir, la luz del canal lo envolvió de nuevo. Las barcas seguían su curso, los comerciantes alzaban la voz, Venecia respiraba. Pero él caminó unos pasos distinto, como si algo invisible se hubiera asentado en su interior, una certeza tranquila nacida en la penumbra de aquella iglesia antigua.



EL CENTRO GEOGRÁFICO DE VENECIA EN CAMPO SAN LUCA


Campo San Luca, centro geográfico de Venecia
Campo San Luca, centro geográfico de Venecia

Campo San Luca es centro geográfico de la ciudad, entre la plaza de San Marcos y el puente de Rialto, por lo que es un punto de encuentro para los venecianos, que suelen venir a desayunar o a tomar un aperitivo al atardecer.

La pastelería Time Marchini, punto de encuentro para desayunar o tomar un aperitivo
La pastelería Time Marchini, punto de encuentro para desayunar o tomar un aperitivo

En el centro del campo, un portabanderas, indica el centro de la ciudad, aunque el punto real, está en una columna colocada en el interior de la tienda en la parte derecha al entrar en la Calle dei Fuseri. Cómo acabó ahí esa histórica columna, lo desconozco, pero puedes entrar a verla o también asomarte desde el escaparate.

La columna original vista desde el escaparate de la tienda
La columna original que marca el centro de Venecia vista desde el escaparate de la tienda

Este pedestal de mármol que sostiene el asta con la bandera de la ciudad, llamado Cippus, tiene grabada la fecha de su construcción en el año 1310 ¿Por qué esta fecha?

Palacio que alberga la tienda H&M
El mástil o Cippus en el centro del campo San Luca

Durante la revuelta capitaneada por Bajamonte Tiepolo para derrocar al gobierno veneciano y asesinar al dux, justamente en ese año 1310, los habitantes de esta Parroquia se levantaron en armas a favor del Gobierno, dispersaron al grupo de rebeldes que, retirándose de la Plaza San Marcos, se dirigían a Rialto.


En recuerdo de esta valerosa acción, se erigió este monumento, que tiene tallados, de arriba abajo: un león marciano en "moeca", el símbolo de la Scuola Grande della Carità, y San Lucas, patrón de la Escuela de Pintores. Los hermanos de estas dos escuelas participaron activamente contra la rebelión.

La base del mástil que tiene tallados: un león marciano en "moeca", el símbolo de la Scuola Grande della Carità, y San Lucas, patrón de la Escuela de Pintores
La base del mástil que tiene tallados: un león marciano en "moeca", el símbolo de la Scuola Grande della Carità, y San Lucas, patrón de la Escuela de Pintores
Esculturas en la fachada de un palacio en Campo San Luca
Escultura en la fachada de un palacio en Campo San Luca

Edificio neogótico del siglo XIX en el campo San Luca con pateras con motivos medievales
Edificio neogótico del siglo XIX en el campo San Luca con pateras con motivos medievales

En esta plaza durante siglos se celebró "La Sagra della Vecchia o Festival de la Vieja" que  tiene sus orígenes en la prehistoria y está vinculada a la diosa Reitia, divinidad de la naturaleza y la fertilidad entre los antiguos vénetos. La celebración marcaba el paso del invierno a la primavera y consistía en un ritual simbólico en el que se juzgaba a un muñeco con forma de anciana, acusada de todos los males invernales. Declarada culpable, era aserrada y quemada, representando así la destrucción del invierno y su renacimiento como primavera, portadora de prosperidad y buen tiempo.


La Sagra della Vecchia o Festival de la Vieja tiene sus orígenes en la prehistoria y está vinculada a la diosa Reitia, divinidad de la naturaleza y la fertilidad entre los antiguos vénetos. La celebración marcaba el paso del invierno a la primavera y consistía en un ritual simbólico en el que se juzgaba a un muñeco con forma de anciana, acusada de todos los males invernales. Declarada culpable, era aserrada y quemada, representando así la destrucción del invierno y su renacimiento como primavera, portadora de prosperidad y buen tiempo.

Pasatiempo Cuaresmal de G.Grevembroch del archivo de la Fundación  Giorgio Cini Onlus donde se ve como cortan a la anciana
Pasatiempo Cuaresmal de G.Grevembroch del archivo de la Fundación Giorgio Cini Onlus donde se ve como cortan a la anciana

La tradición se mantuvo en Venecia hasta el final de la Serenísima República y aún sobrevive en el Véneto.

EN LA CELEBRACIÓN DE LA SAGRA DELLA VECCHIA EN EL SIGLO XVIII

Campo Santa Margherita o Margarita
Sagra della Vecchia en Campo San Luca (cuadro de Gabriele Bella en el Museo Querini Stampalia, siglo XVIII)

El campo preferido por el pueblo para esta fiesta era el de San Luca. Se engalanaba con banderas y damascos, y en el centro del campo se construía un escenario, adornado con papel de oro y festones de laurel y flores de seda. Encima del escenario se colocaba una marioneta con aspecto de anciana sentada. Dos guardias con trajes rojos y alabardas, se colocaban a ambos lados de la anciana, y le rendían honores de forma ridícula mientras todos reían.


En la plaza, había también otros espectáculos: un perro volador atado con una cuerda con un fuego artificial atado a la cola; la pesca de anguilas con la boca en una tina de agua teñida de negro; el árbol de mayo (un juego tradicional en el que los participantes tienen que intentar conseguir premios, normalmente alimentos, colocados en lo alto de un poste) con salami encima, unas cuantas botellas de vino y una o dos gallinas...


Durante la fiesta se montaban banquetas con frittelle, vino y otras delicias, con diversos juegos que renovaban por un día la alegría carnavalesca. Esta fiesta interrumpía los estrictos ayunos que se hacían entonces durante la Cuaresma.


Al final de la tarde, se realizaba el juicio y el aserramiento por los guardias de rojo. Del corte salían dulces, frutas, almendras azucaradas, flores que los niños y transeúntes recogían.


Y Por último, se incendiaba el escenario junto con la anciana.


CAMPO MANIN ANTIGUAMENTE SAN PATERNIAN


Una plaza que nos habla de un pasado remoto con una iglesia perdida y su campanario, pero también de un patriota veneciano: Manin, líder de una insurrección contra los gobernantes austriacos en 1848. Una plaza que ha vivido la historia entre el Alto Medievo y el siglo XIX.

Campo Manin fue, durante más de un milenio, el Campo di San Paternian, íntimamente ligado a una iglesia antiquísima del siglo IX.

El campo Manin con la iglesia y el campanario antes de su demolición en el rectángulo amarillo
El campo Manin con la iglesia y el campanario antes de su demolición en el siglo XIX en el rectángulo amarillo
El campo Manin con la iglesia y el campanario antes de su demolición
La iglesia y el campanario de San Paternian en 1499 (mapa de Barbari) en morado. En naranja el palacio Contarini del Bovolo

La iglesia de San Paternian tenía un origen remotísimo: en el siglo VIII ya llegó a Venecia, trasladada desde la Marca de Ancona, la imagen pintada del obispo mártir San Paternian, y la poderosa familia Andrearda, acomodados mercaderes, levantó entonces en el campo una sencilla capilla de madera para custodiarla. Con el tiempo el santuario se alzó como una iglesia en piedra, en el lugar donde hoy está la «Cassa di Risparmio» (ese edificio que no acaba de encajar en la plaza). También se alzó en el siglo XI un campanario octogonal.


EL DÍA DE SAN PATERNIAN EN EL SIGLO XVII


Es 10 de julio de 1651 y el calor pesa sobre Venecia como una manta húmeda. De pronto, en pleno Gran Consejo, un murmullo corre más rápido que el agua por los canales. Alguien grita, otro se levanta, y entonces lo sabemos: en Paro hemos vencido. Las galeras de Mocenigo, menos numerosas pero firmes como piedra de Istria, han doblegado a las del temido Mustafà. Siento un nudo en la garganta; no todos volverán, pero la bandera del león ondea aún sobre el mar. Venecia vive. Todos nos ponemos en pie, las voces estallan, y el dux Molin baja con nosotros hacia la Basílica. Bajo el oro de las bóvedas, el Te Deum se eleva tan alto que parece empujar el cielo. Algunos lloran sin pudor; yo también.


Y como si Dios mismo lo hubiera dispuesto, hoy es San Paternian. El Colegio lo entiende enseguida y decreta que este día será recordado cada año con misa solemne. Al salir, el barrio ya huele a rosquillas y a mazapán; las campanas llaman, los balcones se cubren de telas, y la alegría corre por el campo como un niño descalzo. Miro la iglesia de San Paternian y pienso en lo antigua que es nuestra fe: en la imagen del santo que llegó hace siglos desde Ancona, en la primera capilla de madera levantada por los Andrearda, en la iglesia de piedra que hoy nos cobija.

Campo Manin cuando existía el octogonal campanile de San Paternian
Campo Manin cuando existía el octogonal campanile de San Paternian

Levanto la vista y allí está el campanile octogonal, firme, antiguo, distinto a todos los demás. Dicen —y yo lo creo— que lo levantaron ocho mercaderes, salvados de la esclavitud por una galera veneciana. Ocho hombres, ocho lados, una sola gratitud. Cada jueves, cuando la campana mayor suena ocho veces, recuerdo sus nombres, y hoy, más que nunca, sé que Venecia no se sostiene solo con remos y espadas, sino con la memoria viva de quienes fuimos y seguimos siendo.



Hoy, en el centro de la plaza está el monumento a Daniele Manin que nació del deseo de Venecia de honrar a uno de sus hijos más valientes, la voz firme de la resistencia de 1848 frente a los austriacos. Sorprende a sus pies, el feroz león, con las alas abiertas como un estallido de energía contenida.


Manin con el león a sus pies
Manin con el león a sus pies

Cerca de la iglesia de San Paternian tenían sus talleres los famosos impresores Manuzio. Del más conocido, Aldo, tomaron los nombres las maravillosas y raras ediciones de los clásicos, las ediciones Aldine los siglos XV y XVI. Aldo vivió en este barrio. Falleció en 1515 y fue enterrado en la iglesia de San Paternian, donde, junto al féretro, según dicen «se colocaron mucho libros alrededor» como si fuesen fieles guardianes de su espíritu.

Primera imprenta de Aldo Manuzio
Primera imprenta de Aldo Manuzio

En la plaza, en una de las esquinas del monumento a Manin, sólo queda una placa, que señala donde estuvieron la imprenta de los Manuzio, la iglesia y el campanario de San Paternian.

Placa que inda donde estuvo la iglesia de San paternian y la Accademia Aldina en el suelo de la plaza
Placa que inda donde estuvo la iglesia de San Paternian y la Accademia Aldina en el suelo de la plaza

¿SUBIR A CABALLO A MI HABITACIÓN?: SCALA CONTARINI DEL BOVOLO


Escalera romántica del Renacimiento desde la que se vislumbran los tejados de Venecia, una perspectiva única, escondida en un laberinto de calles y canales.
La escalera con el pequeño jardín con pozos provenientes de la iglesia destruida de San Paternian
La escalera con el pequeño jardín con pozos provenientes de la iglesia destruida de San Paternian

Hablan de mí en voz baja, como si aún pudiera oírlos desde los tejados. Dicen que quise desafiar al Estado, que fue soberbia. Y quizá lo fue. Yo soy Pietro Contarini, y nací sabiendo que mi apellido pesaba tanto como las leyes de la Serenísima.

Cuando mandé levantar esa escalera, sabía muy bien lo que hacía. En Venecia, las torres eran privilegio de la Iglesia y del Estado; todos lo sabíamos. Precisamente por eso la quise alta, visible, elegante, romántica y provocadora, escondida en el laberinto de calles pero capaz de dominar el cielo. Cada peldaño era una afirmación silenciosa: el poder no solo se decreta, también se construye. Desde lo alto, Venecia se rinde ante mis ojos: los tejados apretados como escamas, las cúpulas de San Marcos, el Campanile erguido como un rival antiguo. Yo quería mirar a la ciudad desde arriba, no por desprecio, sino porque los Contarini siempre hemos estado acostumbrados a hacerlo.


¿Y el caballo? Ah, eso es lo que más les escandaliza. Sí, quería subir a caballo. No por comodidad, sino por símbolo. El caballo es nobleza, es guerra, es dominio. Quería entrar en mis estancias sin desmontar, como si mi casa fuera un palacio de tierra firme y no una isla sometida a reglas antiguas. Subir a caballo por la escalera era decirle al Estado: mis muros son tan sólidos como vuestra autoridad. Cada giro amplio de la escalera, cada rampa suave, fue pensada para ese gesto imposible.


Abajo, en el patio, guardé restos de la vieja iglesia de San Paternian, pozos antiguos, incluso uno bizantino del siglo XI. No fue casualidad: quise que mi poder se apoyara también en la antigüedad, en la memoria sagrada de la ciudad. Que nadie olvidara que los Contarini no éramos nuevos ricos, sino parte de la carne misma de Venecia.

Hoy llaman a mi escalera la más bella de la ciudad. Sonrío ante eso. No la construí solo para la belleza, sino para dejar claro algo que muchos pensaban y pocos se atrevían a mostrar: en Venecia, incluso frente al Estado, hay hombres que se atreven a mirar el mundo desde lo alto… sin bajarse del caballo.

Vistas a las cúpulas de San Marcos y su Campanile
Vistas a las cúpulas de San Marcos y su Campanile
Uno de los miradores más bellos
Uno de los miradores más bellos
Parte superior de la escalera
Parte superior de la escalera
Los tejados de Venecia
Los tejados de Venecia
Extraído del mapa de Venecia del año 1500 de Jacopo de’Barbari, donde ya se ve la escalera representada
Extraído del mapa de Venecia del año 1500 de Jacopo de’Barbari, donde ya se ve la escalera representada

UN ORATORIO, LOS COPPO, LOS FUSERI, SCHIEVINE...



El nombre Corte del Forno Vecchio (“Corte del horno viejo”) proviene de la presencia de un antiguo horno que estuvo en funcionamiento en esta pequeña corte. Allí, antiguamente se horneaba pan, y era tan importante la labor que dio nombre al lugar.


Dentro de la corte hay un oratorio pequeño: el oratorio de la Virgen de la Asunción (la Vergine Assunta) que fue fundado en 1815 por Giovanni Bollani. Es un oratorio privado donde no se celebra misa, sino que se recitan oraciones.


Aquí hubo un famoso horno
Aquí hubo un famoso horno

CALLE Y CORTE COPPO


Los Coppo vivian en la zona desde el siglo XIII. Fortunato Olmo escribió sobre esta familia, haciéndola descender de Coppo, rey de Grecia, cuyos descendientes, tras la guerra de Troya, pasaron a Calabria, de allí a Roma y luego a Caorle y a Venecia, donde en los primeros tiempos ejercieron el tribunado. Se extinguieron en 1708.


Sotoportego Coppo
Sotoportego Coppo
Calle Coppo
Calle Coppo

CALLE DEI FUSERI Y CALLE DELLES CHIAVINE


En la calle dei Fuseri, vivían huseros y en la calle Schiavine probablemente se fabricaban esas grandes mantas de lana llamadas schiavone,

El hotel Bonvecchiati en una de las esquinas de la isla de San Luca frente al Rio Scoacamini
El hotel Bonvecchiati en una de las esquinas de la isla de San Luca frente al Rio Scoacamini
Desde el recogimiento de San Luca Evangelista hasta las fiestas populares y las rebeliones políticas, cada rincón de la isla de San Luca guarda siglos de gestos, creencias y desafíos. Si pudieras recorrer hoy esta zona con la mirada y el espíritu de uno de sus antiguos habitantes, ¿qué lugar crees que te transformaría para siempre?

EL MAPA DE LOS LUGARES DE LA ISLA SAN LUCA


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