🚶♂️PASEO HISTÓRICO POR LA ISLA DE SAN LUCA (PRIMERA PARTE)
- Venecisima Venecisima
- hace 2 días
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Una iglesia y un río dan nombre a esta isla, donde se encuentra la columna que marcaba el centro de Venecia. carbón, teatro, bovolo y palacios bizantinos se asoman al Gran Canal. ¿Me acompañas?
Esta isla está bordeada por el Gran Canal y 4 ríos: el Rio de San Salvador, el Rio de San Luca, Rio Fuseri y Rio Scoacamini. Hoy recorremos la isla de San Luca que nació como un barrio puente entre el comercio de Rialto y el poder político de San Marcos. Andamos como lo haría un veneciano de los siglos XVII–XVIII.
ENTRADA DESDE EL GRAN CANAL, MIRAMOS A RIALTO: CARBONEROS Y PALACIOS BIZANTINOS
Comenzamos el paseo en la orilla del Gran Canal, el gran eje económico de Venecia durante siglos.
CARBONERÍAS Y CARBONEROS
Aquí el ambiente era ruidoso y comercial: La fondamenta del Carbon y las calli y rami próximas al canal estaban ocupados por depósitos, pequeñas oficinas mercantiles y accesos de servicio a los palacios. pero ¡sobre todo se descargaba y vendía carbón! El carbón llegaba en barcazas por el Gran Canal y se utilizaba combustible.

Los carboneros retiraban el carbón de los cargueros que llegaban a la Riva del Carbon y lo transportaban por la ciudad, en grandes cestas, llamadas corbe.

LA CALLE DEL CARBON Y LA CALLE DEI FABBRI
Uno de los pasadizos evocadores al que se accede por un arco en la Fondamenta del Carbon, es el sotoportego del Carbon que da acceso a la calle del mismo nombre, donde podemos imaginar a los carboneros que distribuían el carbón por la ciudad. La oscuridad deja ver un relieve en mármol de San José con el niño. Calle intrigante donde las haya
Paralela al Rio San Salvador avanza la estrecha Calle dei Fabbri, hoy dominada por escaparates, hoteles y el movimiento incesante hacia San Marcos, en la que hubo un tiempo en que el resplandor anaranjado de las fraguas teñía las paredes, y el golpe del martillo sobre el yunque marcaba el ritmo de la vida cotidiana. En la cercana Riva del Ferro en la isla de San Bartolomio se descargaba hierro que se alimentaba con carbón en las fraguas. Así que, no es casualidad que aquí estuviese la zona de las herrerías.
La historia antigua de Venecia no puede contarse sin el sonido del hierro. No eran simplemente artesanos: eran intermediarios entre la materia bruta y los elementos metálicos que hacían posible la navegación, el comercio, la defensa, los rituales y hasta la liturgia urbana. Los dux –aquellos hombres que encarnaron durante siglos el poder político veneciano– sabían bien cuánto valía un gremio capaz de transformar el metal en herramienta, arma o símbolo. Por eso lo vigilaban, lo protegían y, en ocasiones, lo utilizaban para los intereses del Estado.
Aquí tienes un esquema de los palacios

En el paseo con vistas al Gran Canal encontrarás:
1 Un muelle desde el que sacar las mejores fotografías del puente de Rialto

2 El palacio Bembo

Aquí vivió el humanista y literato cardenal Pietro Bembo, amigo de Lucrecia Borgia y Caterina Corner. En realidad experimentó sentimientos "terrenales" cuando se enamoró de una mujer con la que no podía casarse para no perder los beneficios de su condición de cardenal, con la que, sin embargo, convivió maritalmente.


3 Palazzetto Dandolo (siglo XIV)

Aquí nació el magnífico dux Enrico Dandolo (1108-1205), y Pietro Aretino se instaló en 1551, hasta su muerte en 1558 a causa de un derrame cerebral provocado, según dicen, por un ataque de risa ante un broma lasciva. Aretino fue autor de libros escandalosos para la época.

Después, se pueden admirar el Palacio Loredan y el Palacio Farsetti, uno al lado del otro, de estilo véneto bizantino, del siglo XIII, entre los más antiguos de la ciudad. Actualmente, en estos dos palacios está la sede del ayuntamiento de la ciudad:

4 Ca' Corner Piscopia Loredan

Palacio del siglo XVI, el pórtico inferior es original, del siglo XIII. Aquí nació en 1646 la primera mujer doctorada por una universidad: Elena Corner Piscopia.

Nos reciben altas columnas y en una de ellas hay un extraño grabado: UN HOMBRE CON PIPA Y SIN BRAZOS, un pescador llamado Biagio, aquí te cuento la historia.
5 Ca' Dandolo Farsetti
El dux Andrea Dandolo vivió en este palacio. Fue dux con tan solo 37 años en 1343 y amigo de Francesco Petrarca. Murió a los cuarenta y ocho años, exhausto por un reinado atribulado por las guerras, un terremoto y la peste negra (¡casi nada!).

En 1669, el palacio fue comprado por Anton Francesco Farsetti, de una familia mucho menos antigua que los Dandolo (habían ingresado al patriciado "por un centavo" cuatro años antes) pero igualmente rico y dedicado a la cultura. Otro Farsetti, el abad Filippo Vicenzo, mecenas, establece una escuela para escultores aquí, donde trabajó Antonio Canova.
6 Palacio Cavalli y Palacio Corner Valmarana
Alberga oficinas judiciales el primero y oficinas municipales el segundo.

6 Palacio Grimani di San Luca
Es simplemente majestuoso, entre todos los palacios del Gran Canal. John Ruskin lo definió como «el más bello de todos los palacios posteriores a la forma definitiva del Palacio Ducal [...] uno de los mejores de Europa del período central de la arquitectura renacentista".

La construcción se completó en 1576, y en ese año hospedó a los duques de Mantua, en cuyo honor se celebró una fiesta fastuosa. Los Grimani eran amantes de la antigüedad clásica y seguramente por ello, la grandiosa fachada es tan clásica.
Aquí tuvieron lugar en 1597 las fabulosas celebraciones de la coronación de Morosina Morosini, esposa del dux Marino Grimani: el Bucintoro vino a recogerla con una gran procesión de barcas organizadas por las distintas scuolas y las góndolas de las casas patricias. El palacio fue el hogar de la familia Grimani hasta 1805. Hoy es sede del Tribunal de Apelación.

También en un edificio en Riva del Carbon (frente a la parada de la línea 1 en Rialto) hay una placa que recuerda una estancia veneciana de Goethe, podemos imaginarlo con las maletas como cualquier turista...
EN UN ESCENARIO TEATRAL

Detrás del famoso teatro Goldoni se encuentra LA CORTE DEL TEATRO, un poco escondida, pero hay que ir a verla, ya que era y es un escenario teatral que nos cuenta algunas interesantes historias.
Esta plaza debe su nombre al teatro más antiguo de Venecia que aún existe, ya que fue construido por la familia Vendramin en 1622 y llamado entonces teatro de San Luca, por su cercanía a la iglesia de San Luca. Hubo dos incendios y diversas restauraciones antes de pasar a llamarse Teatro Apolo y hoy teatro Goldoni (la parte de atrás del actual teatro Goldoni da a esta plaza) y siempre fue de la familia noble Vendramin hasta 1957.

Permaneció en un estado de abandono durante décadas después de la segunda guerra mundial, y sufrió una reconstrucción radical, quedando el teatro alterado, y su fachada dejó de dar a la plaza del Teatro.



Pero lo que destaca en esta plaza, es una cabeza de mármol de una anciana, junto a los escudos de las familias Bembo y Moro y el escudo de la Scuola di San Rocco. Esta caneza lleva aquí al menos desde el siglo XIV.
Y os preguntaréis ¿quién es?¿qué está haciendo en ahí?

Se trata de la cabeza de mármol de una anciana que nos cuenta una historia singular: una anciana que vivía cerca, terriblemente tacaña, solía esconder todo su dinero en el forro de un abrigo viejo que guardaba en el desván.
Un día de invierno, el hijo de la mujer, Vincenzo, que desconocía lo que su madre escondía, le dio a un pobre ropa vieja, incluyendo el "abrigo-hucha".
Una semana después la anciana fue al ático a esconder más dinero y descubrió lo que había hecho su hijo... Para convencerlo de recuperar el abrigo, le prometió a su hijo dejarle todo el dinero escondido en el abrigo como herencia.
Así que Vincenzo, para encontrar al pobre, se disfrazó de mendigo y se colocó en los escalones del Puente de Rialto. Encontró al hombre y el ofreció su abrigo grueso y cálido a cambio del suyo gastado y viejo.

Con el dinero recuperado, Vincenzo pudo abrir una farmacia, que todavía se llama "all'insegna della Vecchia" ("bajo la vieja"), y colocó una estatua de su madre sentada con su hijo a sus pies en la parte trasera de la tienda, de la que parece hoy en día ¡sólo queda la cabeza!
Hasta casi todo el siglo XIX, la farmacia estuvo ubicada en dicho edificio y tenía una puerta al fondo de la tienda justo debajo de la antigua cabeza de piedra. La farmacia todavía existe, desplazada unos 50 metros debido a demoliciones y cambios urbanos a principios del siglo XX.
En la tarde del 6 de julio de 1934 aquí en esta plaza y por primera vez al aire libre la Bienal inauguró la comedia de Goldoni "La Bottega del Caffe"; la idea fue del comediante Gino Rocca con el apoyo de Conte Volpi di Misurata.



La Corte del Teatro tenía todo lo necesario para la comedia ya que no necesitaban decorados: había una casa con terraza, una cafetería y una barbería... ¡La actuación fue tan exitosa que entró en la historia del teatro de la Bienal como un ejemplo repetido a lo largo de los años con otras comedias al aire libre en Venecia!
Cuando lleguéis aquí imaginad la plaza como un escenario de una obra de teatro, todavía se puede sentir la atmósfera de una representación teatral




VAMOS AL TEATRO: ENTRE LA MÁSCARA Y LA ESCENA
Estamos en la zona del teatro de San Luca en el siglo XVIII; aquí el ambiente cambia con respecto al de los carboneros: por la noche se ve gente elegante, durante el carnaval abundan las máscaras, y los cafés se llenan de animadas tertulias.
Esta zona entre la calle del Carbon y la calle Bembo es un recuerdo a los teatros de Venecia, tan importantes en su historia, de hecho encontramos aquí la Calle y la Corte del Teatro.
En la Venecia de la Serenissima, el teatro fue mucho más que un espectáculo: fue una forma de vida. Desde el siglo XVI, la ciudad se convirtió en la primera de Europa en abrir teatros públicos de pago, accesibles no solo a la nobleza, sino también a mercaderes, viajeros y ciudadanos comunes.
El teatro convirtió a la isla de San Luca en un punto clave de la cultura veneciana, lugar de sátira social y crítica política velada.
Durante el Carnaval, Venecia se transformaba en un gran escenario. Entre canales y palacios, los teatros competían en lujo, ingenio y audacia, reflejando el espíritu libre y cosmopolita de la República. Familias patricias como los Grimani o los Vendramin hicieron del teatro un negocio, un símbolo de prestigio y un campo de rivalidades encendidas.
En la temporada de 1752–1753, el teatro acogió a Carlo Goldoni. Desde entonces, el quedó ligado para siempre al nombre del dramaturgo que transformó la comedia italiana y selló la identidad histórica del edificio. Carlo Goldoni dio voz aquí a la Venecia real, no idealizada.
Ópera, comedia y commedia dell’arte encontraron aquí un público apasionado y exigente. Autores, actores y empresarios dieron forma a un sistema teatral moderno, donde el éxito dependía tanto del talento artístico como de la astucia comercial.
Así, en la Serenissima, el teatro no fue un simple entretenimiento, sino el espejo de una ciudad que vivía entre la máscara y la escena, entre el poder y la ilusión.
LA CALLE BEMBO Y LA DEVOCIÓN VENECIANA
En la Venecia del Setecientos, cuando la noche caía pronto sobre las calles estrechas y el silencio solo se rompía por pasos y murmullos, la fe se hacía visible en cada esquina. Los tabernacoli o capitelli votivi —pequeños altares de madera o piedra, en forma de nicho, caja colgante o capilla— marcaban el pulso espiritual de la ciudad. Ante ellos, los vecinos se detenían a rezar, a pedir favores o a confiar milagros a los santos, iluminados apenas por la llama temblorosa de una vela.
Al entrar en la calle Bembo, en la esquina con la calle Commedia o del Teatro, el caminante es recibido por un capitello de la Virgen Dolorosa, con las manos cruzadas sobre el pecho. Su presencia, discreta pero intensa, parece proteger el acceso a esta calle angosta y cargada de memoria.

A mitad de recorrido, antes de llegar al Gran Canal, la penumbra se abre de pronto a un pequeño espacio sagrado: un doble capitello. Abajo, una gran pintura de San Antonio de Padua con el Niño; encima, una estampa enmarcada de Bernardette Soubirous y la Virgen de Lourdes. Un pequeño reclinatorio invita todavía hoy a detenerse y orar, como si el tiempo no hubiera pasado y la devoción siguiera viva en este rincón oculto.

No es casual que esta calle se llamara antiguamente calle Sant’Antonio. Ya en 1790, durante su estancia de tres meses en la Locanda della Tromba, Goethe recorrió estos mismos pasos. Los capitelli están adosados al palacio Bembo, residencia del humanista, literato y cardenal Pietro Bembo, amigo de Lucrecia Borgia y de Caterina Corner.
Entre ambas imágenes, sorprende descubrir la cruz templaria y también tallada en una esquina que da hacia la Riva del Carbon. Un símbolo que remite a una historia más profunda: tras la disolución de la Orden del Temple, gran parte de sus bienes pasaron a la Orden de Malta, a la que perteneció el propio cardenal Bembo. Así, fe, poder y memoria se entrelazan en esta calle mínima, donde cada muro parece susurrar siglos de historia veneciana.


CALLE BEMBO EN EL SIGLO XVIII
En el siglo XVIII, la calle Bembo era un paso estrecho y vivo por donde transcurría la cotidianidad veneciana. Desde el amanecer la recorrían criados camino del mercado, artesanos abriendo sus talleres y viajeros que entraban o salían hacia el Gran Canal. A lo largo del día, vecinos y devotos se detenían ante los capitelli para encender una vela o murmurar una oración, mientras clérigos, estudiantes y pequeños comerciantes intercambiaban palabras sobre negocios, fe o ideas, en una ciudad que aún conservaba su pulso cultural.
Al anochecer, la calle se sumergía en la penumbra y el tránsito se volvía más discreto. Vecinos que regresaban a casa, actores y músicos del teatro San Luca, y huéspedes de posadas cercanas (tal vez Goethe) avanzaban rozando las paredes, guiados por la luz temblorosa de los altares votivos. En ese ir y venir contenido, la calle Bembo se convertía en un refugio espiritual y cotidiano, donde la devoción ofrecía amparo frente a la oscuridad y el paso del tiempo.
En esta zona de la isla de San Luca, la vida del siglo XVIII se desarrollaba como un tejido denso de trabajo, poder, cultura y fe: junto al Gran Canal, carboneros descargaban sin descanso el combustible que alimentaba hogares, fraguas y talleres, mientras herreros transformaban hierro y carbón en los objetos que sostenían la navegación y la ciudad misma; sobre ese mundo laborioso se alzaban palacios bizantino-venecianos donde residían patricios, humanistas y dux, escenario de ceremonias, ambiciones y refinamiento intelectual; a pocos pasos, el bullicio del comercio daba paso al brillo nocturno del teatro, con cafés, máscaras y sátira social, y en las calles más estrechas la devoción popular se detenía ante capitelli iluminados por velas.
Todo convivía en un mismo espacio: el esfuerzo anónimo y la grandeza, el espectáculo y la oración, haciendo de esta parte de la isla de San Luca un retrato completo de la Venecia viva y contradictoria de la Serenissima.
EL MAPA DE LOS LUGARES DE LA ISLA SAN LUCA
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