CAMPIELLO DE LA CASON Y EL PRIMER PALACIO DUCALE
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Cason, en la época de la Serenissima, era una prisión y además en este campiello estuvo la primera residencia de un dux en Rialto a comienzos del siglo IX, antes de que existiese el palacio Ducale ¡Así de antiguo es este lugar!
Para cualquier visitante, el Campiello de la Cason puede parecer un lugar pintoresco aunque anónimo, pero en realidad hay que recordar que en este mismo Campo se alzaba el Palazzo del Tribuno di Rivoalto, donde vivía el Dux Angelo Partecipazio (gobernó entre los años 811-827).



CUANDO EL PALACIO DUCAL ESTUVO EN RIALTO
La noche caía lentamente sobre la laguna de Venecia, y el agua oscura comenzaba a tragarse los reflejos dorados de las últimas luces. En el silencioso rincón del Campiello de la Cason, pocos recordaban ya lo que ese nombre significaba realmente… pero las piedras sí.


Decían que “cason” era prisión. No una cualquiera, sino una de aquellas antiguas celdas donde los deudores y los culpables de faltas menores eran encerrados lejos de la mirada pública. Sin embargo, quien caminaba por allí de noche sentía algo más que el peso de la historia: una inquietud difícil de explicar, como si los muros guardaran secretos que aún no querían ser revelados.
Aquel lugar pertenecía al sestiere de Cannaregio, y siglos atrás había sido mucho más que una simple cárcel. Allí, en tiempos remotos, la poderosa familia Partecipazio había gobernado el antiguo Rivoalto. Su palacio —hoy apenas ruinas y cimientos— se alzaba imponente, vigilando el río que algunos llamaban del Barba, otros Baduario. Dos puertas antiguas, desgastadas por el tiempo, seguían en pie como testigos mudos de un poder ya olvidado.

Se contaba que el propio dux Angelo Partecipazio vivió allí antes de que el gran Palacio Ducal de Venecia estuviera terminado. Pero no era una residencia tranquila: guardias armados custodiaban las entradas, y barcas listas para la guerra permanecían ocultas tras el sotoportego, como si esperaran una amenaza constante.
Porque la amenaza existía.
En aquellos tiempos, el pueblo murmuraba. Se rebelaba. Las calles estrechas podían convertirse en trampas, y los poderosos temían a la multitud tanto como a los enemigos extranjeros que podían llegar desde Murano. Por eso la gran puerta del palacio casi nunca se abría. Solo en ocasiones solemnes. El resto del tiempo, la vida fluía por callejuelas secundarias, vigiladas por ojos atentos.
Se decía que no todos los que entraban en el Cason salían de él. No porque fueran ejecutados, sino porque desaparecían. Sin rastro. Como si la laguna misma los reclamara.
Algunos hablaban de pasadizos ocultos que conectaban con el río. Otros susurraban que, en noches sin luna, podían oírse remos golpeando el agua… aunque no hubiera ninguna barca visible.
El viejo trasnbordador que partía desde el cercano sotoportego añadía otra capa de misterio. Durante siglos, había conectado ese rincón con islas como Murano, Burano o San Michele. Los viajeros esperaban bajo el pasadizo, protegidos de la lluvia… y de algo más que nadie nombraba en voz alta.




Un cronista antiguo escribió que allí se reunían barcos armados, listos para actuar en cualquier momento. Pero no dejó claro contra quién.
Hoy, el Campiello parece tranquilo. Demasiado tranquilo.
Sin embargo, quien se detiene junto a las viejas piedras, en el silencio de la noche, puede notar que algo sigue allí. Algo que no pertenece del todo al pasado.
Porque en Venecia, hay lugares donde la historia no se limita a ser recordada.
Se queda. Observa. Espera.
Todo esto está documentado por Nicolò Zeno en su libro Dell'Origine dei Barbari ecc. de 1557 en el libro IX: ,
Los Partecipatii, en calidad de tribunos, gobernaron durante cientos de años Rivoalto, ejerciendo la autoridad y el foro en los Santi Apostoli, en cuyo barrio aún se pueden ver vestigios en el Campiello de la Cason, donde se encuentran las prisiones de ese sestiere, y aún se pueden ver dos antiguas puertas reales, así como los cimientos de un palacio antiquísimo; por lo que se puede conjeturar que aquel fuera el lugar principal del gobierno y de la administración de la justicia en aquellos tiempos. Y habiendo cambiado luego el orden del gobierno, e introducido el Ducado, se trasladaron a otro lugar las funciones públicas, quedando no obstante el recuerdo de aquellas cosas antiguas por los signos que aún hoy se ven.
"Las barcas armadas se guardaban detrás de esa esquina que sobresale hacia el puente, y ese era el patio donde se residía el tribuno. La orilla común que recibía las barcas de Murano, Torcello, Mazzorbo e Istria es ahora la ruta de Murano a S. Canciano. Este palacio se extendía hasta el río llamado del Barba, y se llamaba Rivo Baduario. El Campo de los SS. Apostoli llegaba hasta este palacio, y alrededor de la iglesia había un espacio vacío. La puerta principal con buenos guardias y municiones estaba ubicada al comienzo de la Calle Larga, y se mantenía continuamente cerrada, y no se abría excepto en las ocasiones más solemnes, y para ir y venir se utilizaba la callejuela que venía de San Canciano, y en ella, en el pórtico, había un guardia que podía controlar el paso, porque en aquella época la gente solía armar alboroto y amotinarse, y estos disturbios contra los poderosos eran muy importantes"



Las crónicas informan que el dux Angelo Partecipazio que gobernó entre los años 809 y 827 también residió en este lugar antes de que se completara la construcción del Palacio Ducale.

Caminar sobre las piedras de un enclave que guarda la huella 👣 del siglo IX no es solo un paseo, es atravesar el tiempo, una experiencia que muy pocos estarían dispuestos a dejar escapar.
EN EL MAPA ES EL PUNTO 64 DE LA CAPA "PASEO POR CANNAREGIO"
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