AL NONO RISORTO: CENAMOS A LA LUZ DE FAROLES VENECIANOS EN UN JARDÍN

Hay lugares en Venecia que uno descubre casi por casualidad, al internarse por una callejuela y atravesar un pasaje que parece conducir a otra época o mirando un jardín desde un puente. Al Nono Risorto, es uno de ellos: una antigua osteria que guarda tras sus muros un jardín donde el bullicio de la ciudad parece quedar en suspenso. Un jardín secreto.



UN JARDÍN BAJO FAROLES VENECIANOS


Lo primero que llama la atención es su patio interior, un pequeño oasis de vegetación en una ciudad donde el espacio es un bien precioso. En los meses cálidos, la vegetación envuelve las mesas, mientras los faroles venecianos de vidrio suspendidos entre el verde ponen una nota exótica.


Cuando cae la tarde y se encienden las luces, el jardín tiene un encanto especial. No hay aquí grandes decorados ni solemnidad: basta la luz cálida de las lámparas, una mesa compartida y el murmullo de los comensales para disfrutar de una Venecia más íntima.

UNA OSTERIA CON HISTORIA
Sus orígenes se remontan a principios del siglo XX, cuando abrió sus puertas con el nombre de Al Nono, «nono» no significa abuelo sino que hace referencia a un pequeño pez de la laguna veneciana que se cocinaba antiguamente en la osteria.
Tras permanecer cerrado durante la Segunda Guerra Mundial, el establecimiento volvió a abrir sus puertas una vez terminado el conflicto. Fue entonces cuando añadió a su nombre la palabra Risorto, «resucitado», como si quisiera dejar constancia de su regreso a la vida. Desde entonces, ese nombre encierra algo más que una anécdota: la memoria de un lugar que supo renacer.


Entre los episodios que forman parte de su historia destaca su vínculo con Ernest Hemingway. No se trata de una leyenda inventada para alimentar el encanto del local: la relación está documentada por los familiares de sus antiguos propietarios.
Durante aquella época, el restaurante pertenecía a Eugenio Toffoli, tío de quien más tarde relataría esta historia, y el escritor frecuentaba el establecimiento. Cuesta no imaginar al autor de Fiesta y Adiós a las armas entre sus mesas, llevando consigo aquella mirada capaz de convertir una escena cotidiana en literatura.
SABORES DE VENECIA
La carta combina platos de inspiración local con propuestas de la cocina italiana. Entre las especialidades tradicionales que merece la pena probar están las sarde in saor, sardinas marinadas con cebolla en un delicado contraste agridulce, y el baccalà mantecato con polenta (crema de bacalao) o el antipasto misto di pesce que combina varios aperitivos de pescado.


También hay pastas y platos de pescado, ligados a la tradición culinaria de la laguna como los bigoli en salsa o los spaghetti allo scoglio (con almejas y mejillones); además de pizzas de masa fresca hecha en horno para quienes prefieren una comida más informal. Mi preferida la del "Nono Risorto" de salmón y rúcula.
Pero quizá el verdadero atractivo de Al Nono Risorto esté en la combinación de todo ello: la cocina sencilla, el jardín escondido y las lámparas que iluminan las mesas cuando el día comienza a declinar.


Porque hay otra Venecia, menos monumental y más cotidiana, que se descubre precisamente así: atravesando un pasaje, encontrando un jardín inesperado y sentándose a la mesa sin ninguna prisa.
Recuerda si te animas a cocinar, puedes visitar nuestra SECCIÓN DE COCINA
EN EL MAPA ES EL PUNTO 25 DE LA CAPA "PASEO POR SANTA CROCE"
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