¿QUÉ OCULTAN LOS MONSTRUOS MARINOS DE LA IGLESIA DE SANTA MARGHERITA?

En Venecia hay piedras que parecen guardar secretos que el tiempo no ha conseguido borrar. Basta detenerse en el Campo Santa Margherita, en el sestiere de Dorsoduro, para descubrir uno de esos lugares donde la historia y la leyenda se entrelazan de manera inquietante.
La iglesia de Santa Margherita fue fundada en la primera mitad del siglo IX y consagrada en el año 853. El edificio primitivo, adornado con mosaicos y columnas de mármol oriental, acabó deteriorándose y fue reconstruido por Giovanni Battista Lambranzi en 1647. Desconsagrada en 1810, hoy forma parte de la Universidad Ca’ Foscari y alberga un auditorio.
Pero en sus muros exteriores sobrevive un mundo mucho más antiguo que sus usos actuales: un conjunto de criaturas esculpidas en piedra que parecen vigilar las esquinas del edificio. Entre ellas destaca un monstruo marino enroscado verticalmente y, más abajo, una tortuga que acompaña la representación de un pequeño pueblo sobre un fondo rocoso.
¿Qué historia se esconde tras estas figuras? Para intentar comprenderlas, debemos retroceder a la leyenda de la santa que da nombre a la iglesia.
EL MONSTRUO MARINO Y LA TORTUGA: ¿QUÉ PRETENDÍAN?
Y llegamos a la esquina de la puerta de entrada a la iglesia donde hay una suerte de reptiles en la esquina adpatados al ángulo del muro. El primer relieve muestra una criatura de cuerpo escamoso que se retuerce sobre la piedra hasta terminar en una cabeza amenazadora. Sus formas evocan una serpiente marina.


Su presencia puede interpretarse a la luz de la leyenda de Santa Margarita: la bestia como encarnación del mal y recordatorio de su derrota. En una ciudad como Venecia, inseparable del agua y expuesta durante siglos a las mareas y las inundaciones, estos monstruos también evocan las fuerzas de la naturaleza que escapaban al control humano.
Y entonces aparece la tortuga.

Bajo la representación de un pequeño pueblo, entre las rocas, se distingue esta segunda criatura: una tortuga que asoma la cabeza.
En la mentalidad popular de la Venecia antigua, las criaturas anfibias de aspecto extraño que habitaban los cenagales, marismas y canales de la laguna —como las tortugas de agua dulce (testuggine palustre)— despertaban gran desconfianza. Debido a su caparazón escamoso y su habilidad para moverse tanto por el fango como por el agua, la superstición popular las vinculaba con fuerzas ctónicas (del inframundo) y con los demonios acuáticos, viéndolas a menudo como una forma híbrida y maléfica de serpiente acorazada (bissa squela en veneciano).
La composición de la serpiente y la tortuga, parece sugerir una amenaza que acecha desde arriba y otra presencia que permanece abajo, junto a la tierra. Entre ambas, las pequeñas casas forman una imagen inesperadamente humana: un pueblo diminuto, aferrado a un terreno rocoso y expuesto a fuerzas mucho mayores que él.


¿Podría esconderse también un eco de la mitología clásica? En la tradición griega, Pitón era una enorme serpiente vinculada al oráculo de Delfos, hasta que Apolo la mató para apoderarse del santuario. El mito recuerda que los dragones no siempre fueron simples encarnaciones del mal: también podían custodiar lugares sagrados y representar fuerzas primordiales. No obstante, no existen pruebas suficientes para identificar con Pitón las esculturas de Santa Margherita.
En Venecia, donde el agua y la piedra han convivido durante siglos, lo sagrado y lo monstruoso parecen compartir a veces el mismo espacio. Hoy, el dragón continúa enroscado en la fachada. Las pequeñas casas permanecen sobre su fondo rocoso y la tortuga sigue allí, casi inadvertida para quienes atraviesan la plaza sin detenerse.
UNA BARRERA ESPIRITUAL CONTRA EL DIABLO
En esta iglesia hay muchos otros monstruos y figuras grotescas en todos sus laterales y en puntos altos.
Tal como explica la tradición popular de la propia iglesia de Santa Margherita, el diablo acechaba constantemente los puntos altos de los templos intentando colarse en el edificio por el campanario o el tejado, para interrumpir los oficios sagrados o derribar las campanas.
Las expresiones de estas cabezas actúan como una "contramáscara" o imán de la maldad: al reflejar caras horripilantes o severas, asustaban y neutralizaban a los espíritus malignos mediante el impacto visual, impidiéndoles posarse en el tejado.
Observa las fotos a continuación:





¿Qué crees pretendían representar sus escultores: la victoria de la fe sobre el demonio, las fuerzas oscuras de la naturaleza o una historia que Venecia ha olvidado? A veces, la piedra no conserva las respuestas. Sólo consigue que la pregunta sobreviva.
EN EL MAPA ES EL PUNTO 15 DE LA CAPA "PASEO POR DORSODURO"
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