EL ACUARIO šš š”DE CRISTAL DE LA ESTACIĆN DE SANTA LUCIA
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Millones de personas pasan por esta obra de arte, un acuario de vidrio de Murano, y muy pocos ven cientos de peces nadando sobre sus cabezas, porque quedan deslumbrados por otra visión: el Gran Canal que se despliega ante la puerta de la estación de Santa LucĆa.



Pero....existe un secreto suspendido sobre sus cabezas.
Dicen que este inmenso panel de vidrio de Murano no es solo una obra de arte, sino un umbral.
Cuenta la leyenda que, hace siglos, un maestro vidriero de Murano quiso capturar el alma del agua. No le bastaba con reproducir peces o algas: deseaba encerrar el latido mismo de la laguna. Para lograrlo, trabajó de noche, fundiendo arena y fuego mientras susurraba antiguos nombres del mar. Pero lo que creó no fue una simple decoración, sino un mundo.

Cada uno de los 1.872 paneles se convirtió en una celda viva. Los animales ālas medusas translĆŗcidas, los peces imposibles, el solitario caballito de marā no eran copias, sino fragmentos de criaturas reales, atrapadas entre dos dimensiones. Por eso, dicen, el maestro primero los formó enteros⦠y luego los cortó: no para encajarlos en la red, sino para impedir que escaparan.

La estructura de latón, con sus nudos como red de pesca, no es un adorno. Es una prisión.
Durante el dĆa, la luz atraviesa el vidrio y todo parece inmóvil. Los viajeros suben y bajan los doce escalones sin mirar arriba, cegados por la belleza del canal. Pero al caer la noche, cuando el Ćŗltimo tren parte y la estación queda en silencio, el panel despierta.

Las algas comienzan a mecerse.
El agua āesa transparencia salpicada de colorā ondula como si respirara.
Y los peces⦠se mueven.
Primero son apenas sombras. Luego, figuras completas que nadan de un panel a otro, ignorando los lĆmites del vidrio. Las medusas laten con una luz propia. El pulpo se desliza entre las juntas invisibles. La red de latón se tensa, como si algo empujara desde dentro.
Hay quienes afirman haber visto cómo uno de los peces mĆ”s grandes āuno de esos que no cabe en un solo azulejoā logra recomponerse por un instante. Sus fragmentos encajan, sus ojos brillan⦠y mira hacia abajo a los humanos.

Se dice que el maestro dejó una Ćŗnica pieza āneutraā, una entre las treinta mĆ”s opacas, que no pertenece al conjunto original. No es un reemplazo: es una puerta.
Si alguien permanece bajo el panel a medianoche, justo en el centro de la escalinata, y mira fijamente ese vidrio sin transparencia, puede ver cómo se oscurece aún mÔs⦠hasta volverse profundo como el mar.

Algunos aseguran que han escuchado el sonido del agua.
Otros, que han sentido una gota caer sobre su rostro⦠aunque el techo esté intacto.
Y unos pocos āmuy pocosā no volvieron a aparecer.

Desde entonces, los venecianos mÔs viejos evitan alzar la vista cuando cruzan la estación de noche. Saben que la verdadera laguna no estÔ solo fuera, en el canal que deslumbra a los visitantes.
TambiĆ©n estĆ” arriba. Esperando. Y quizĆ”s, algĆŗn dĆa, la red deje de resistir. En este lugar estuvo previamente la iglesia de Santa Lucia que fue demolida para dejar paso a la estación de tren.



PUNTO 63 DE LA CAPA "PASEO POR CANNAREGIO"
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