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EL ACUARIO 🐟🐠🐔DE CRISTAL DE LA ESTACIƓN DE SANTA LUCIA

  • hace 4 horas
  • 3 Min. de lectura
Recreación del acuario de Santa Lucia
Recreación del acuario de Santa Lucia
Panel de murano en el techo de la estación de Santa Lucia
Panel de murano en el techo de la estación de Santa Lucia
Millones de personas pasan por esta obra de arte, un acuario de vidrio de Murano, y muy pocos ven cientos de peces nadando sobre sus cabezas, porque quedan deslumbrados por otra visión: el Gran Canal que se despliega ante la puerta de la estación de Santa Lucía.
La salida de la estación de Santa Lucia hacia el Gran Canal y el acuario de cristal de Murano en el techo
La salida de la estación de Santa Lucia hacia el Gran Canal y el acuario de cristal de Murano en el techo
La vista del Gran Canal desde la escalinara de la estación de Santa Lucia
La vista del Gran Canal desde la escalinata de la estación de Santa Lucia
Iglesia San Simeone Piccolo, frente a la estación
Iglesia San Simeone Piccolo, frente a la estación

Pero....existe un secreto suspendido sobre sus cabezas.


Dicen que este inmenso panel de vidrio de Murano no es solo una obra de arte, sino un umbral.


Cuenta la leyenda que, hace siglos, un maestro vidriero de Murano quiso capturar el alma del agua. No le bastaba con reproducir peces o algas: deseaba encerrar el latido mismo de la laguna. Para lograrlo, trabajó de noche, fundiendo arena y fuego mientras susurraba antiguos nombres del mar. Pero lo que creó no fue una simple decoración, sino un mundo.


La masa incandescente y amorfa con la que los maestros vidrieros comienzan su trabajo
La masa incandescente y amorfa con la que los maestros vidrieros comienzan su trabajo

Cada uno de los 1.872 paneles se convirtió en una celda viva. Los animales —las medusas translĆŗcidas, los peces imposibles, el solitario caballito de mar— no eran copias, sino fragmentos de criaturas reales, atrapadas entre dos dimensiones. Por eso, dicen, el maestro primero los formó enteros… y luego los cortó: no para encajarlos en la red, sino para impedir que escaparan.


La estructura de latón, con sus nudos como red de pesca, no es un adorno. Es una prisión.


Durante el día, la luz atraviesa el vidrio y todo parece inmóvil. Los viajeros suben y bajan los doce escalones sin mirar arriba, cegados por la belleza del canal. Pero al caer la noche, cuando el último tren parte y la estación queda en silencio, el panel despierta.

El acuario de cristal de Murano
El acuario de cristal de Murano

Las algas comienzan a mecerse.


El agua —esa transparencia salpicada de color— ondula como si respirara.

Y los peces… se mueven.


Primero son apenas sombras. Luego, figuras completas que nadan de un panel a otro, ignorando los límites del vidrio. Las medusas laten con una luz propia. El pulpo se desliza entre las juntas invisibles. La red de latón se tensa, como si algo empujara desde dentro.


Hay quienes afirman haber visto cómo uno de los peces mĆ”s grandes —uno de esos que no cabe en un solo azulejo— logra recomponerse por un instante. Sus fragmentos encajan, sus ojos brillan… y mira hacia abajo a los humanos.


Uno de los peces mƔs grandes
Uno de los peces mƔs grandes

Se dice que el maestro dejó una Ćŗnica pieza ā€œneutraā€, una entre las treinta mĆ”s opacas, que no pertenece al conjunto original. No es un reemplazo: es una puerta.


Si alguien permanece bajo el panel a medianoche, justo en el centro de la escalinata, y mira fijamente ese vidrio sin transparencia, puede ver cómo se oscurece aĆŗn mĆ”s… hasta volverse profundo como el mar.

El acuario se hace real para que los peces alcancen el Gran Canal
El acuario se hace real para que los peces alcancen el Gran Canal

Algunos aseguran que han escuchado el sonido del agua.


Otros, que han sentido una gota caer sobre su rostro… aunque el techo estĆ© intacto.

Y unos pocos —muy pocos— no volvieron a aparecer.

La vista nocturna desde la estación
La vista nocturna desde la estación

Desde entonces, los venecianos mÔs viejos evitan alzar la vista cuando cruzan la estación de noche. Saben que la verdadera laguna no estÔ solo fuera, en el canal que deslumbra a los visitantes.


También estÔ arriba. Esperando. Y quizÔs, algún día, la red deje de resistir. En este lugar estuvo previamente la iglesia de Santa Lucia que fue demolida para dejar paso a la estación de tren.
La anodina facha de la estación de San Lucia
La anodina facha de la estación de San Lucia
En la izquierda, donde hoy se encuentra la estación, estuvo la iglesia de Santa Lucia (cuadro de Guardi)
En la izquierda, donde hoy se encuentra la estación, estuvo la iglesia de Santa Lucia (cuadro de Guardi)
La iglesia de Santa Lucia que la estación hizo desaparecer
La iglesia de Santa Lucia que la estación hizo desaparecer

PUNTO 63 DE LA CAPA "PASEO POR CANNAREGIO"


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