ANGELES CAUTIVOS Y SOMBRAS DE BARBACANI: LA CALLE LARGA A SAN TOMÀ
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Venecia es una ciudad de ángeles por todos los lugares… escapados fuera de las iglesias y del cielo. Los encuentras en cada rincón: ángeles incrustados en muros, ángeles en las puntas de los campanile, ángeles atrapados en escaleras del Gran Canal… como si hubieran caído y nadie se hubiera atrevido a liberarlos.




Hoy estamos en la calle Larga, entre la Scoletta dei Calegheri y la Basílica dei Frari, una calle que casi siempre pasa desapercibida, eclipsada por la grandiosidad del templo que se alza cercano. Pero en Venecia no basta con mirar de frente… hay que mirar a los lados, arriba, incluso a las sombras.

Y allí, en una esquina, frente a la fachada lateral de la iglesia, asoman un angelote en la primera planta del palacio. Nos observa. Nos llama. Y decidimos entrar en la calle… como si siguiéramos una señal, para descubrir otro querubín con un ramo de espigas símbolo de la Eucaristía y la abundancia espiritual..



Pero al cruzar ese umbral, algo cambia.
Entramos en un ambiente casi medieval, donde las barbacani invaden la calle como si quisieran cerrarla sobre nosotros.
Esos ángeles que nos acompañan… ¿hacia dónde nos guían? Tal vez hacia la pequeña iglesia de San Tomà, humilde, discreta, casi escondida frente a la enorme iglesia dei Frari. Durante siglos fue conocida como una iglesia de paso: comerciantes, gondoleros y viajeros entraban apenas unos minutos, susurraban una oración… y desaparecían.


Y quizá por eso, aún hoy, parece un lugar donde nadie se detiene demasiado tiempo.
La iglesia fue erigida en el año 973 bajo la advocación de los Santos Sergio y Baco, junto a un convento de monjas. Pero lo que permanece no es solo su historia… sino la sensación de tránsito, de fugacidad, de algo que apenas se deja atrapar.
Si quieres sentirte como un caballero o una dama del medievo, este es el lugar. Pasear por esta calle repleta de barbacani es como entrar en otro tiempo… o en otro mundo.

Estas estructuras, vigas de madera que sobresalen de los edificios, nacieron por necesidad: en una ciudad sin espacio, permitían ampliar las viviendas desde el primer piso sin estrechar demasiado la calle. Una solución ingeniosa… que hoy transforma la luz, el aire y la percepción.
Porque al adentrarte en esta calle, la luz desaparece poco a poco.
La oscuridad te envuelve. Las barbacani proyectan sombras que estrechan el paso, creando la sensación de estar dentro de un sueño… o de un lugar que no quiere ser descubierto. Las ya intrincadas calles de Venecia se vuelven aún más angostas, más silenciosas, más densas.


Camina despacio. Mira hacia arriba.

Bajo estas vigas, cuyos cimientos se colocaron hace siglos, es fácil sentir que alguien —o algo— sigue observando.
Y es que Venecia es una ciudad donde los anzoli (los ángeles) han quedado atrapados en los lugares más inesperados: en muros, en esquinas, en escaleras del Gran Canal, no muy lejos de aquí… como si el tiempo los hubiera detenido en pleno movimiento.
Dicen que los ángeles solo pueden ser vistos por quienes alcanzan un estado en el que el cielo se abre ante ellos.
Quizá por eso no todos los ven.
O quizá… algunos prefieren no hacerlo.
Porque en Venecia, incluso los ángeles 👼🏻… guardan secretos 🤫
PUNTO 44 DE LA CAPA "PASEO POR SAN POLO"
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