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LAS NUEVAS GALERIES BARTOUX: SUMÉRGETE EN UN SUEÑO

  • hace 17 horas
  • 3 Min. de lectura
Entrada a las Galeries Bartoux
Entrada a las Galeries Bartoux
Aquel antiguo teatro del siglo XVI me aguardaba en silencio, como si hubiera contenido la respiración durante siglos para ese instante preciso en que alguien volviera a cruzar su umbral con los ojos abiertos al asombro ¿Me acompañas?

Hay lugares que no se visitan: se atraviesan porque te abren a nuevos espacios.


Traspasamos el umbral para sumergirnos en un sueño
Traspasamos el umbral para sumergirnos en un sueño

Cuando entré no sentí que atravesaba una puerta, sino que algo me absorbía suavemente hacia otro espacio, como si el edificio hubiese decidido desplegar su sueño ante mí.


Las paredes guardaban ecos de aplausos lejanos. Entre 1928 y 2002, aquel escenario fue el antiguo cine Accademia, un refugio de sombras proyectadas y miradas suspendidas. Antes, teatro. Después, silencio. Y ahora, renacimiento.


A pocos pasos de las célebres Gallerie dell'Accademia, el arte contemporáneo ha encontrado aquí una morada insólita. Venecia —La Serenísima— no es una ciudad que se deje conquistar fácilmente; exige respeto, belleza y cierta dosis de audacia. Sin embargo, en este rincón de 1200 metros cuadrados, el diálogo sucede con naturalidad: galería de arte, jardín escondido, un café entre esculturas y un espacio inmersivo donde la realidad parece disolverse como reflejo sobre el agua.


El nombre resuena con elegancia: Galeries Bartoux. Pero lo que late en su interior es profundamente veneciano: apertura, intercambio, evolución constante. Aquí el arte no se contempla a distancia; se respira. La programación cultural —arte, moda, diseño— convierte cada semana en una promesa distinta, como si la ciudad entera fuese invitada a participar en una conversación sin final.

Obra de Lis Sam
Obra de Lis Sam con mariposas troqueladas en 3 dimensiones
La energía que me hace sentir
La energía que me hace sentir

Las salas —una permanente, otra dedicada a exposiciones temporales— despliegan un recorrido vibrante por la creación contemporánea. En sus muros y pedestales conviven las esculturas de mármol tatuado de Fabio Viale, las figuras hipnóticas y suspendidas en el agua de Carole Feuerman, los relieves florales que estallan en color de Zhuang Hong Yi, las presencias fragmentadas de Bruno Catalano, los gestos monumentales de Lorenzo Quinn, la energía urbana de Mister Brainwash, el lirismo contemporáneo de Jimenez Deredia, la fuerza cromática de Fin DAC o las provocaciones pop de Philippe Shangti, entre otros.

Cada obra parece consciente de estar en Venecia, como si dialogara con el agua que la rodea.

Pero el verdadero giro de esta historia ocurre cuando se desciende hacia el antiguo cine. Allí, donde antes danzaban fotogramas clásicos, hoy nace una experiencia distinta. No es una proyección: es una inmersión. La sala se transforma en un umbral sensorial donde luz, sonido e imagen envuelven al visitante hasta desdibujar los límites del cuerpo.


La inauguración eligió a un cómplice perfecto, un artista que soñó Venecia con intensidad casi febril: Salvador Dalí. El maestro del surrealismo mantuvo con la ciudad una relación magnética: participó en la Biennale di Venezia de 1954, imaginó en 1976 un cartel para la eterna Piazza San Marco y, en 1982, pintó su visión onírica de la laguna en Othello rêvant de Venise.

La cafetería de las esculturas
La cafetería de las esculturas

Y así, en la oscuridad del nuevo Cine Inmersivo, Venecia reaparece como si emergiera directamente de la mente de Dalí. Las cúpulas se alargan como relojes blandos, el agua se pliega en espirales imposibles, los palacios flotan entre memoria y alucinación. No sabes si caminas, si sueñas o si recuerdas algo que jamás viviste.

Adá y Eva
Adá y Eva
Piano surrealista
Piano surrealista
Cuando finalmente salí de nuevo a la luz veneciana, el rumor de los canales me pareció distinto. Comprendí entonces que aquel antiguo teatro no había sido restaurado: había despertado. Y que quien cruza su puerta ya no vuelve a mirar la ciudad del mismo modo.
Cuadro de la exposición (d'Izarny)
Cuadro de la exposición (d'Izarny)
El Gran Canal nos espera a la salida de las Galeries Bartoux
El Gran Canal nos espera a la salida de las Galeries Bartoux con la misma vista que el cuadro anterior de la exposición

EN EL MAPA ES EL PUNTO 46 DE LA CAPA "PASEO POR DORSODURO"


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