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LA SCUOLA DE SAN MARTINO Y LA PIERNA QUE RECORRÍA LA CIUDAD

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Recreación de los hermanos de la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista llegando a la Scuola di San Martino con las reliquias
Recreación de los hermanos de la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista llegando a la Scuola di San Martino con las reliquias
La Scuola de San Martino es el edificio adosado a la derecha de la iglesia
La Scuola de San Martino es el edificio adosado a la derecha de la iglesia
Scuola di San Martino
Scuola di San Martino

LA EMORME TRASCENDENCIA DE LAS RELIQUIAS


En época medieval, las reliquias de los santos, eran un tesoro más preciado que el oro, tan preciado como hoy en día es un museo o un monumento antiguo en una ciudad que genere una horda de turistas deseosos de verlo.

Las reliquias, eran signos vivos y palpables de Dios, y todos esperaban milagros de ellas que les cambiarían su miserable vida y no dudaban en peregrinar cientos de kilómetros para acercarse a las más preciadas. En aquella época tener reliquias importantes y preciadas del Cristianismo en tu ciudad era sinónimo de peregrinaje, comercio y bonanza.


Pero querían más, y por eso también deseaban tener en su sede aunque no fuese suya, la reliquia de San Martín. Esta Scuola de San Martino tenía un hueso de la pierna del santo, un hueso de un dedo y un pedazo de su famosa túnica que compartió con un mendigo.


La Scuola Grande de San Giovanni Evangelista disponía de la importantísima reliquia de un trozo de la Santa Cruz. Pero quería más, y por ese motivo codiciaba una reliquia de San Martino. Conozcamos la historia.

Portal de entrada a la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista
Portal de entrada a la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista
En una ciudad de canales, donde la fe se mezclaba con el poder y las promesas tenían peso de ley, nació en 1335 una hermandad destinada a perdurar… y a enfrentarse al paso del tiempo.

Todo comenzó, dicen, por la voluntad de un hombre: Messer Andrea Salotto, obispo y guía espiritual. Bajo su impulso, la scuola de San Martino dio sus primeros pasos. No era solo una cofradía: era un orden. Un mundo con reglas estrictas donde cada miembro, desde los quince años, debía obedecer. Quien jugara a los dados, viviera en pecado o sembrara discordia, sería expulsado sin piedad. Allí, la fe no era solo devoción… era disciplina.


A lo largo de los años, la hermandad creció entre rituales y símbolos. En 1356, cada hermano recibía un simple pan en la fiesta anual, un gesto humilde que escondía algo más profundo: pertenecer significaba no estar solo. En 1369, todo cambió. Llegó una reliquia extraordinaria: un dedo y un hueso de la pierna de San Martín. A partir de ese momento, la Scuola dejó de ser solo una comunidad… se convirtió en custodio de lo sagrado.


Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 1441.


La reliquias de la pierna de San Martín se vendieron a la escuela de San Giovanni Evangelista para restaurar el edificio, pero con una condición: cada año había que llevarla en procesión, el día de la fiesta del Santo, hasta aquí, por tierra; una obligación que se debía cumplía fielmente incluso en condiciones meteorológicas de lo más adversas, con viento, lluvia, nevadas aunque a veces hubiese que caminar con las piernas sumergidas en el agua casi hasta la rodilla.


Recreación de los hermanos de la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista saliendo el 11 de noviembre con la reliquia de San Martino hacia la Scuola di San Martino
Recreación de los hermanos de la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista saliendo el 11 de noviembre con la reliquia de San Martino hacia la Scuola di San Martino
Los hermanos de la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista en cuadro de Mansueti (1474)
Los hermanos de la Scuola Grande de San Giovanni Evangelista en cuadro de Mansueti (1474)

Así que este acuerdo sellado con la otra poderosa hermandad, la de San Giovanni Evangelista, dio lugar a una procesión nunca antes vista. Cada 11 de noviembre, las reliquias de San Martín —el hueso y el dedo de su pierna— cruzaban toda la ciudad a pie, entre multitudes, tensiones y miradas inquietas. Era un espectáculo de fe… y un riesgo. Tanto que el propio Consejo de los Diez tuvo que intervenir, temiendo disturbios. Aun así, la procesión fue autorizada. La ciudad entera contenía el aliento mientras lo sagrado atravesaba sus calles.


Pero donde hay reliquias, hay conflicto. En 1713 estalló una disputa feroz.


Las reliquias de San Martín, custodiadas por la otra hermandad, se convirtieron en el centro de una batalla legal y espiritual. Treinta y tres testimonios jurados intentaron probar una verdad incómoda: aquellas reliquias no les pertenecían. Habían sido prestadas… y nunca devueltas.


El acuerdo era claro: si la procesión anual fallaba, las reliquias debían regresar. La tensión creció. No era solo un objeto: era prestigio, poder, control sobre la fe del pueblo.

Dos años después, en 1715, las autoridades intervinieron de nuevo. Ordenaron cumplir el pacto al detalle. No había margen de error. Las reliquias debían recorrer la ciudad, sin excusas, bajo cualquier clima. La fe se había convertido en obligación pública.


Mientras tanto, la Scuola evolucionaba. En 1704 creó un sistema de ayuda para sus miembros: atención médica, medicinas gratuitas, apoyo económico durante la enfermedad. Era una red de protección en una época sin garantías. Pero incluso esto tenía reglas estrictas: edad, cuotas, límites. Todo estaba calculado.


Y, sin embargo, nada es eterno.


A mediados del siglo XVIII, el sistema comenzó a desmoronarse. El sovegno, aquel sistema de ayuda que había protegido a tantos, fue abandonado. En 1771, se cerró la Scuola de San Martino definitivamente. Sus bienes, sus símbolos, su historia… Lo que quedó fue un edificio.


Un lugar aún visible, con sus muros antiguos y un relieve de San Martín a caballo, silencioso testigo de siglos de fe, disputas y promesas. Allí donde antes había vida, normas, conflictos y procesiones, solo quedó piedra.

Pero si uno escucha con atención, aún puede imaginarlo: las campanas, los pasos de la procesión cruzando la ciudad, las voces jurando verdad sobre reliquias sagradas…y una hermandad que, durante siglos, luchó por no desaparecer.
La entrada al Arsenale en amarillo; la iglesia de San Martino en morado y la Scuola di San Martino en fucsia en mapa de Barbari (1499)
La entrada al Arsenale en amarillo; la iglesia de San Martino en morado y la Scuola di San Martino en fucsia en mapa de Barbari (1499)
Los edificios en la actualidad (Google)
Los edificios en la actualidad (Google)

¿QUÉ HUELLAS QUEDAN HOY?


La sede de la scuola se encontraba en el edificio de dos plantas adosado al lateral de la iglesia de San Martín, aún visible hoy en día en el número 2426/A, con las características barbacane a lo largo del lateral, que sostienen la parte saliente de la primera planta, dejando libre para el tránsito peatonal la calle que discurre por debajo.

Bajorrelieve de San Martín a caballo compartiendo su túnica con el mendigo
Bajorrelieve de San Martín a caballo compartiendo su túnica con el mendigo
Barbacane en la Scuola di San Martino
Barbacane en la Scuola di San Martino

Sobre la puerta de entrada hay un bajorrelieve que representa a San Martín a caballo compartiendo su túnica con el mendigo, de principios del siglo XV, enmarcado en un elaborado marco de mármol de época posterior, fechado en 1538, y coronado por la siguiente inscripción:


 

IN TEMPO DE MISSIER STEFANO TORE

TALGIAP.[iera] GUARDIAN ET MISSIER ANTONIO

ZOGIA VICARIO ET MISSIER ZUAM

DELLI CAVALLI SCRIVAN ET

CP. ANNO MDLXXXIV

 

Más abajo, una segunda lápida lleva grabado:

 

EX AERE

SOCIETAS AGONIE

RENOVATUM A. D. MDCCLXXI


La Scuola de devoción fue punto de encuentro para los calafati seguramente también para otros trabajadores del vecino Arsenale como lugar de ayuda mutua.


Hoy en día ya no se habla de las reliquias y la importancia de su culto ha disminuido notablemente. La fiesta de San Martín se sigue celebrando cada 11 de noviembre, día de su muerte.
Grabado de Grevembroch que representa la fiesta de San Martino entre los niños (siglo XVIII)
Grabado de Grevembroch que representa la fiesta de San Martino entre los niños (siglo XVIII)

En esta fiesta los niños salen por las calles en grupos, golpeando cacerolas y cantando canciones tradicionales frente a las tiendas y casas, pidiendo dulces o monedas y además, se prepara el famoso “dolce di San Martino”, una galleta grande con forma del santo a caballo, decorada con glaseado, caramelos y chocolate.


EN EL MAPA ES EL PUNTO 83 DE LA CAPA "PASEO POR CASTELLO"


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