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LA RATITA PRESUMIDA Y EL MISTERIOSO SPINARA

  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura
El atrio porticado del palacio Loredan
La columna de la pantegana en el sotoportego del Traghetto de San Felice
Desde Campo San Felice en Cannaregio, una estrecha calle frente a una de las entradas de la iglesia homónima, la calle del Traghetto, llega al Gran Canal. Una columna en la esquina tiene un símbolo grabado: una pantegana (una rata en veneciano) y una larga historia ¿Quieres conocerla?

Cuando llegáis al Gran Canal, se abren dos sotoporteghi, dos pasadizos cubiertos que es donde los trabajadores de los Traghetto, esas grandes góndolas o transbordadores que cruzaban de un lado al otro del Gran Canal, descansaban y esperaban a los viajeros.

La esquina con ladrillos blancos, señala el palacio Contarini Pisani que alberga en sus bajos el sotoportego del Traghetto de San Felice y la columna de la Pantegana y en su derecha Ca' Levi Morenos con dos grandes arcos
La esquina con ladrillos blancos, señala el palacio Contarini Pisani que alberga en sus bajos el sotoportego del Traghetto de San Felice y la columna de la Pantegana y en su derecha Ca' Levi Morenos con sus dos grandes arcos
Vistas desde el sotoportego del imponente Ca' Corner della Regina
Vistas desde el sotoportego del imponente Ca' Corner della Regina

Debían tener mucho tiempo, o mucho aburrimiento, tanto estos barqueros (barcaroli) como los que esperaban su turno para pasar al otro lado del Canal (a la Riva de l'Ogio en Rialto), porque en algún momento se entretuvieron tallando símbolos en la columna de la esquina.


Pero ¿Por qué?




EL GRABADO DE LA PANTEGANA


En Venecia, donde cada piedra parece guardar un secreto, hay rincones que no aparecen en las guías pero que laten con una fuerza extraña. Uno de ellos se esconde en el sotoportego del Traghetto de San Felice, donde una simple columna de piedra de Istria sostiene una de las historias más inquietantes y olvidadas de la ciudad: la de la pantegana y el misterioso Emanuele Spinara.


Al final de una calle estrecha que desemboca en el Gran Canal, los barcaroli esperaron durante siglos a sus pasajeros. Sin relojes ni distracciones modernas, mataban el tiempo dejando huellas en la piedra: fechas, nombres, dibujos. Eran gestos casi casuales, pero algunos de ellos sobrevivieron al paso del tiempo… y adquirieron un significado inesperado.


Aqui esperaban los barcarolli y los pasajeros para cruzar con el traghetto al otro lado del Gran Canal
Aqui esperaban los barcarolli y los pasajeros para cruzar con el traghetto al otro lado del Gran Canal
Entre todos esos grabados, hay uno que destaca. Una rata, esculpida con sorprendente detalle, acompañada por una fecha: 1644. No es un simple garabato. Es grande, visible, deliberada. Como si quien la talló quisiera que nadie pudiera ignorarla.
Columna de la Pantegana y la fecha grabada encima
Columna de la Pantegana y la fecha grabada encima

Porque en aquella época, las ratas no eran solo animales. Eran presagio. Venecia había sido golpeada por la peste apenas unos años antes, y el recuerdo seguía fresco en la memoria colectiva. Las pantegane, como las llamaban en dialecto, eran portadoras invisibles de la muerte. Medio millón de ellas podían habitar la ciudad. Medio millón de sombras deslizándose por la noche.


¿Fue aquel grabado una advertencia? ¿El testimonio de un avistamiento aterrador? ¿O una forma de exorcizar el miedo? Nadie lo sabe. Pero el hecho de que alguien decidiera inmortalizarla en piedra sugiere que aquella rata —o lo que representaba— no era insignificante.



UNA LEYENDA VENECIANA


En el palacio que descansa sobre el sotoportego, el palacio Contarini Pisani, vivía un señor rico tan avaro que escondía sus riquezas en varios cofres, no daba nada a nadie y él mismo llevaba una vida de mendigo.


A su muerte, al abrir los cofres, descubrieron que aquel inmenso tesoro había sido devorado por las ratas.


La Serenísima mandó esculpir en la columna la efigie de la rata para recordar que la avaricia excesiva no conduce más que a la miseria y a una muerte por privaciones, como la de aquel noble que habitaba en aquel palacio.



Y sin embargo, la historia no termina ahí. Justo en esa misma columna, durante siglos, se alzó otra figura: un hombre de madera con turbante oriental, mitad estatua, mitad presencia. Era Emanuele Spinara, o “Momolo” para los venecianos. Nadie sabía realmente quién había sido, pero todos parecían reconocerlo.


Recreación de donde estaba la estatura de Spinarar
Recreación de donde estaba la estatura de Spinara

Se decía que había vivido en el barrio, que su rostro coincidía con el de la escultura, que había sido un personaje excéntrico, imposible de ignorar. Con el tiempo, su figura se convirtió en algo más que un simple adorno: era un observador silencioso del ir y venir de la vida veneciana.


Spinara no estaba solo. En la ciudad existían otras “estatuas parlantes”, figuras a las que los ciudadanos confiaban sus pensamientos más incómodos. Durante la noche, aparecían notas anónimas a sus pies: críticas, burlas, sátiras contra el poder. Voces sin rostro en una república donde no todo podía decirse en voz alta.
Estatua de Spinara
Estatua de Spinara
Spinara dialogaba con la estatua de Antonio Rioba en Campo dei Mori
Spinara dialogaba con la estatua de Antonio Rioba en Campo dei Mori
Detalle de la estatua de Antonio Rioba
Detalle de la estatua de Antonio Rioba

Pero un día, sin previo aviso, Spinara desapareció. A principios de los años cincuenta, alguien lo robó. No hubo reemplazo, no hubo explicaciones. Solo quedó la columna… y la rata.


Hoy, quien pase por allí quizás no repare en el grabado. Quizás vea solo una figura curiosa, una rareza más en una ciudad saturada de belleza. Pero esa pantegana sigue ahí, intacta, mirando al canal como hace casi cuatro siglos.


Y tal vez, si uno se detiene lo suficiente, entienda que no es solo una rata. Es un recordatorio. De las plagas que diezmaron la ciudad. De las voces anónimas que desafiaron el poder. De los hombres olvidados que un día fueron imprescindibles.


Porque Venecia no solo está hecha de mármol y reflejos. También está hecha de ausencias. Y en esa columna, donde falta la figura de Spinara, el vacío pesa tanto como una fuente alternativa a la historia que aún resiste.


El Sotoportego de Ca' Levi Morenos al otro lado de la estrecha calle
El Sotoportego de Ca' Levi Morenos al otro lado de la estrecha calle
Detalle de la Virgen en el sotoportego de Ca' Levi Morenos como protectora de los navegantes
Detalle de la Virgen en el sotoportego de Ca' Levi Morenos como protectora de los navegantes
¿Por qué crees que se talló la pantegana? ¿Aburrimiento? ¿Advertencia? ¿Denuncia?¿Provocación? ¿Un recuerdo de un acontecimiento?...

PUNTO 39 DE LA CAPA "GRAN CANAL"


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