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IL MAROCO DE LE PIPONE: LAS ESTATUAS QUE HABLABAN EN VENECIA

hace 32 minutos
4 min de lectura
Maroco de le Pipone en la base de la columna de San Todaro en la Piazzetta de San Marcos
Maroco de le Pipone en la base de la columna de San Todaro en la Piazzetta de San Marcos
En Venecia hay esculturas que han contemplado pasar siglos enteros ante sus ojos de piedra. Han visto desfilar dux, mercaderes, peregrinos, espías, amantes y ladrones. Han soportado la lluvia, las mareas y el incesante ir y venir de quienes llegan a la ciudad buscando sus secretos.

Pero hubo un tiempo en que algunas de ellas tenían voz.


No porque pudieran hablar, naturalmente, sino porque los venecianos encontraron una manera ingeniosa de hacerlo por ellas.


Y una de las más curiosas se encuentra en uno de los lugares más transitados de toda Venecia: la Piazzetta de San Marcos.


Si alguna vez has caminado junto a las columnas monumentales que custodian la entrada al molo, probablemente hayas pasado a pocos centímetros de ella sin darte cuenta.


Columnas de San Marcos, en la base de la columna de la derecha está Maroco de le Pipone
Columnas de San Marcos, en la base de la columna de la derecha está Maroco de le Pipone
Columnas de San Marcos que enmarcaban la entrada por mar a la ciudad
La columna de San Todaro en la Piazzetta de San Marcos
La columna de San Todaro en la Piazzetta de San Marcos

Su nombre es Maròco de le Pipone.


Y detrás de aquel pequeño relieve de piedra se esconde una historia de sátiras, burlas, secretos y mensajes clandestinos que llegó a incomodar incluso a quienes gobernaban la Serenísima.


UNA PEQUEÑA FIGURA A LA SOMBRA DE SAN MARCOS


Maròco de le Pipone está esculpido en la base de una de las 2 columnas de San Marcos, la que sostiene sobre su capitel a San Todaro (San Teodoro), el primer patrón de Venecia.


Las figuras en la base de la columna de San Todaro están relacionadas con antiguos oficios
Las figuras en la base de la columna de San Todaro están relacionadas con antiguos oficios
Una de estas esculturas representa a dos fruteros con una cesta y un melón
Una de estas esculturas representa a dos fruteros con una cesta y un melón

Allí, en la piedra, aparece una pequeña figura.


Tradicionalmente se la ha relacionado con un vendedor de frutas que ofrecía melones en las tiendas de la plaza. Su aspecto, además, ha alimentado diferentes interpretaciones sobre su posible origen y carácter.


Recreación de como debió ser la escultura de los fruteros, uno de ellos Maroco de le Pipone. En la antigüedad, muchas de las esculturas estaban pintadas de colores.
Recreación de como debió ser la escultura de los fruteros, uno de ellos Maroco de le Pipone. En la antigüedad, muchas de las esculturas estaban pintadas de colores.

Pero lo verdaderamente extraordinario es lo que los venecianos hicieron con su imagen.


Recreación de los puestos de fruteros a los pies de las columnas de San Marcos en la antigúedad
Recreación de los puestos de fruteros a los pies de las columnas de San Marcos en la antigúedad

Porque aquella humilde figura terminó convirtiéndose, según la tradición, en uno de los protagonistas de una auténtica red de comunicación clandestina. Una red en la que las piedras de Venecia parecían conversar entre ellas.

CUANDO VENECIA EMPEZÓ A HABLAR A TRAVÉS DE SUS ESTATUAS


Durante siglos, la República de Venecia desarrolló una extraordinaria capacidad para controlar la información. Pero los venecianos también desarrollaron una extraordinaria capacidad para burlarse del poder.


Cuando alguien quería criticar a un noble, ridiculizar una decisión política, denunciar una injusticia o simplemente lanzar un comentario venenoso sobre algún personaje conocido, existía una manera de hacerlo sin necesidad de firmar. Bastaba con esperar a que llegara la noche. Entonces aparecían los mensajes.


Poemas, versos satíricos, acusaciones, chismes y comentarios mordaces podían quedar pegados junto a determinadas esculturas de la ciudad.


El autor permanecía en el anonimato. La piedra, en cambio, parecía hablar.


La tradición veneciana relacionó a Maròco de le Pipone con otras dos figuras célebres: el Gobbo di Rialto y Sior Antonio Rioba, en el Campo dei Mori. Juntos formarían una especie de particular "terna de charlatanes" de la Serenísima.


El gobbo de Rialto (el jorobado de Rialto)
El Gobbo de Rialto (el jorobado de Rialto), otra de las estatuas parlantes
Sior Antonio Rioba en Campo dei Mori
Sior Antonio Rioba en Campo dei Mori

Imagina la Venecia nocturna, con calles desiertas y alguien dejando en secreto un papel junto a una estatua. A la mañana siguiente aparece un poema: la escultura parece haber hablado… y otra puede responder al día siguiente con otra nota. Así nacían en Venecia ingeniosos diálogos entre estatuas, una forma de expresar públicamente lo que muchos no se atrevían a decir en voz alta.


EL LUGAR MÁS PELIGROSO PARA HACER UNA BROMA


Maròco tenía, además, una característica que lo hacía especialmente interesante.

Estaba allí. En la Piazzetta. Justo al lado del corazón político de la República. Desde aquel lugar podía "ver" pasar al poder. El Dux, los Procuradores, los nobles, los embajadores, los mercaderes y toda clase de personajes importantes atravesaban aquel espacio monumental.

Y precisamente por eso, las palabras que se ponían en boca de aquella pequeña figura podían resultar incómodas.


La sátira podía dirigirse contra la corrupción de los poderosos, la avaricia de determinados comerciantes, los impuestos, las decisiones políticas o los escándalos que corrían de boca en boca por la ciudad.


La piedra no tenía miedo. los que escribían detrás de ella, quizá sí.


Porque la Serenísima tenía espías y mecanismos de vigilancia, y convertir una crítica política en una simple "conversación entre estatuas" no eliminaba necesariamente el peligro.


UNA SÁTIRA QUE LLEGÓ A CONVERTIRSE EN LEYENDA


Los cronistas venecianos conservaron ejemplos de estas disputas literarias entre las estatuas.


Uno de los episodios más conocidos se relaciona con un cometa aparecido en 1648.


El fenómeno celeste sirvió de pretexto para una sátira que, bajo la apariencia de un diálogo entre las esculturas, se burlaba de los amoríos de un Procurador de San Marcos.


Una ciudad acostumbrada a vivir entre máscaras, carnavales, secretos, rumores y juegos de poder encontró una manera de hacer hablar incluso a sus esculturas.


Al caminar para y observa la base de la columna de la izquierda
Al caminar para y observa la base de la columna de la izquierda
Cuando camines por la Piazzetta de San Marcos, deberías detenerte un instante. Busca al pequeño Maròco. Si te acercas lo suficiente, puedas imaginar que todavía tiene algo que contarte.

EN EL MAPA ES EL PUNTO 100 DE LA CAPA "PASEO BARRIO SAN MARCOS"


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