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CUANDO LOS EDIFICIOS DE VENECIA SE DISFRAZAN PARA CARNAVAL



Cuando cae la primera bruma de febrero, Venecia deja de ser ciudad y recuerda que siempre fue teatro.

No lo anuncia con trompetas ni desfiles: lo hace en silencio. Las fachadas despiertan antes que los habitantes. La piedra respira. Los balcones susurran. Y entonces, como si alguien hubiera pronunciado una palabra antigua, los edificios se disfrazan.

El palacio Ducale se disfraza
El palacio Ducale se disfraza

Un palacio junto a la plaza abre los ojos. No son ventanas: son pupilas de luz líquida que atraviesan la tela escarlata que le cae como piel viva. El edificio observa a quienes cruzan la plaza sin saber que están siendo juzgados por siglos. Ha visto imperios caer, amores prometer eternidad y máscaras mentir mejor que los rostros. En Carnaval, por una noche, decide mirar de frente.


Más allá, un puente inclina la cabeza. De su arco nace un rostro dorado, sereno, casi compasivo. La tela blanca lo envuelve como un sudario festivo. No esconde su identidad: la transfigura. Los reflejos del canal le devuelven una imagen fragmentada, como si el agua también quisiera participar del juego. Los gondoleros pasan en silencio; saben que no se interrumpe a un edificio cuando sueña.


Un puente inclina la cabeza
Un puente inclina la cabeza

Y en el corazón de la ciudad, donde las piedras góticas guardan juramentos antiguos, una máscara monumental se despliega sobre un palazzo. No tapa la arquitectura: la revela. Bajo ella, el edificio recuerda cuando los nobles ocultaban su nombre para decir la verdad, cuando el anonimato era libertad y el misterio, un idioma común. La máscara no es adorno: es memoria.


Durante el Carnaval, Venecia no se disfraza para ocultarse. Se disfraza para confesarse.


Las máscaras no mienten
Las máscaras no mienten
Porque aquí las máscaras no mienten: permiten decir lo que el rostro calla. Y cuando amanece, cuando las telas vuelven a dormir y la piedra recupera su quietud, queda la sensación de haber sido observado… amado… o quizás perdonado por la ciudad. Venecia sonríe entonces, como solo lo hace quien sabe que el próximo Carnaval volverá a ser alguien más. 🎭✨

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