SAN NICOLA DA TOLENTINO: LA IGLESIA VENECIANA QUE HIZO DESAPARECER SU PROPIA CÚPULA

Hay iglesias que guardan secretos entre sus piedras. Y luego está San Nicola da Tolentino, que parece haber decidido borrar una parte de su propia historia y después hacer como si nunca hubiera existido.
Entras en la iglesia, avanzas hacia el crucero y levantas la mirada. Allí arriba parece haber una cúpula. Pero no la hay. O, mejor dicho, la hubo. Y lo más extraño es que no desapareció por un terremoto, una guerra ni un accidente: fueron los propios Teatinos quienes ordenaron desmontarla.
Y esta es solo la primera de las sorpresas que esconde esta iglesia del Campo dei Tolentini.
LOS TOLENTINI: UNA CASA CON NOMBRE PROPIO
Para entenderla hay que retroceder hasta el siglo XVI. Los Teatinos habían llegado a Venecia y su casa de San Nicola da Tolentino quedó vinculada a dos de los grandes nombres de la fundación de la orden: Gian Pietro Carafa, futuro papa Pablo IV, y Gaetano Thiene, posteriormente canonizado como san Cayetano. Ambos habían elegido esta casa como residencia después de huir de Roma tras el saqueo de 1527.
El nombre de “los Tolentini” acabó pasando al campo, al complejo religioso y a toda esta esquina de Venecia por la iglesia dedicada a san Nicolás de Tolentino. No es, por tanto, el apellido de una familia: “da Tolentino” identifica al santo, nacido en Sant’Angelo in Pontano y vinculado a la ciudad de Tolentino.
Pero aquella primera casa ya no bastaba para las aspiraciones de los religiosos. A finales del siglo XVI decidieron levantar un templo mucho mayor y monumental. Y aquí apareció un protagonista que iba a complicar bastante las cosas: Vincenzo Scamozzi.

SCAMOZZI Y UNA IGLESIA QUE NO FUE FÁCIL DE CONSTRUIR
Las obras comenzaron en 1591 y se prolongaron hasta 1602. El proyecto de Scamozzi seguía modelos de la gran arquitectura veneciana del momento, especialmente la tradición palladiana y el modelo del Redentore.
Pero construir en Venecia nunca fue una cuestión sencilla. El terreno, los cimientos y las exigencias de una enorme estructura abovedada plantearon dificultades. La relación entre los Teatinos y Scamozzi fue complicada y el arquitecto terminó alejándose del proyecto.
Durante mucho tiempo se contó esta historia como si su salida hubiera provocado el abandono del proyecto original. Las investigaciones más recientes han matizado esa interpretación: los Teatinos conservaron buena parte de sus aspiraciones arquitectónicas y participaron activamente en las decisiones de construcción.
Y entre aquellas aspiraciones había una especialmente ambiciosa: una verdadera cúpula de fábrica.
LA CÚPULA QUE EXISTIÓ… Y QUE DESAPARECIÓ
Aquí comienza la parte más desconcertante.
La cúpula no era una ilusión pintada. Existió realmente. Tenía un tambor circular, pechinas triangulares y una estructura de mampostería coronada por óculo y linterna. Era una solución particularmente ambiciosa para la arquitectura veneciana de su tiempo.
La iglesia quedó terminada a comienzos del siglo XVII. Y entonces ocurrió algo difícil de imaginar.
En 1617, apenas unos quince años después de terminarse el templo, los Teatinos contrataron a dos maestros carpinteros para asegurar y desmontar la cúpula.
Los documentos conservados en el Archivio di Stato di Venezia lo dejan escrito. Poco después, aquella estructura fue desmontada y sustituida por un techo plano decorado con una representación arquitectónica ilusoria capaz de hacer creer al visitante que todavía estaba mirando hacia una gran bóveda.
La cúpula había desaparecido. Pero su imagen permaneció.
Y quizá esa sea una de las cosas más venecianas de esta iglesia: cuando la arquitectura real desapareció, la ciudad decidió conservarla mediante la ilusión.
La razón exacta de la demolición no está documentada de manera definitiva, pero parece ser que los enormes costes que los Teatinos estaban afrontando en la construcción del monasterio adyacente pudieron influir en la decisión,
En la bóveda está el fresco Gloria de San Cayetano de M. Bortoloni. La circunferencia está concebida como una “rosa de los vientos” y los cuatro Profetas están representados en los puntos cardinales. Los ocho compartimentos con episodios de la Vida de San Cayetano y las 4 pechinas con los Evangelistas son de G. Zompini.

UNA FACHADA QUE PARECE HABER LLEGADO DESPUÉS

Y si levantamos ahora la mirada hacia el exterior, aparece otro de los grandes enigmas de San Nicola da Tolentino.
Hay algo extraño en su fachada. Parece casi como si un templo clásico hubiera sido colocado delante de la iglesia. Y, en cierto modo, eso es exactamente lo que ocurrió.



El proyecto de Scamozzi ya tenía un lenguaje de inspiración palladiana, con pilastras, semicolumnas de gran escala, nichos y una serliana central. Pero la fachada que vemos hoy no corresponde sin más a aquella propuesta.
Más de un siglo después, entre 1706 y 1714, Andrea Tirali levantó delante del edificio el monumental pronao de columnas corintias que domina hoy el Campo dei Tolentini.
Los propios Teatinos llegaron a oponerse al proyecto: temían que aquel espacio cubierto pudiera convertirse en refugio de malhechores. Pero las obras siguieron adelante.
El resultado es fascinante. La iglesia está detrás y el templo clásico parece haberse colocado delante de ella. No es una ilusión óptica: es el resultado de las distintas etapas constructivas del edificio.
Incluso el dinero que hizo posible aquella transformación tiene su propia historia. El procurador de San Marcos Alvise da Mosto había dejado un importante legado destinado a un monumento funerario. Sus ejecutores optaron finalmente por emplear esos recursos en la nueva fachada y el busto de Alvise da Mosto acabó sobre el portal.

Por eso San Nicola da Tolentino parece tener varias edades superpuestas: la iglesia de Scamozzi, la cúpula desaparecida y, delante de todo, el gran pronao del siglo XVIII.
No es una iglesia que haya cambiado una vez. Es una iglesia que fue cambiando de identidad.
Y DENTRO, VENECIA DECIDIÓ DESLUMBRAR
Si conseguimos dejar atrás el misterio arquitectónico, el interior nos devuelve a otra historia: la de una iglesia convertida en escenario de la pintura y la escultura venecianas de los siglos XVII y XVIII.
Aquí trabajaron algunos de los artistas más importantes que pasaron por la ciudad.
Bernardo Strozzi dejó una de sus obras más conocidas, La caridad de San Lorenzo,
fechada hacia 1639-1640, donde el santo distribuye entre los pobres los bienes de la Iglesia. La teatralidad y la intensidad cromática hacen que la escena parezca suceder delante de nuestros ojos.




También encontramos obras vinculadas a artistas como Palma il Giovane y Luca Giordano, además del altar mayor, realizado entre 1661 y 1672, que se relaciona con Baldassarre Longhena, mientras que las esculturas que lo acompañan corresponden a Giusto Le Court.


En el conjunto aparece también el monumento funerario del patriarca Francesco Morosini, obra de Filippo Parodi, uno de los grandes escultores del barroco que esconde secretos que te contaré en otro artículo.
Y entre tanta pintura, mármol y estuco hay un objeto que podría pasar desapercibido: el órgano de Pietro Nachini, fechado en 1754, con su caja dorada y decorada con instrumentos musicales.
La iglesia no solo quería ser un lugar para rezar. Quería ser también un lugar para mirar.
ENTRE DUX, PATRIARCAS Y MUERTOS ILUSTRES
Pero quizá la verdadera historia de San Nicola da Tolentino también esté bajo nuestros pies.
Cuatro dux venecianos fueron enterrados aquí: Giovanni I Corner, Francesco Corner, Giovanni II Corner y Paolo Renier.
Y entre los monumentos funerarios destaca el del patriarca Francesco Morosini, representado en el momento en que parece despertar de la muerte.

En esta iglesia, por tanto, la muerte tampoco es silenciosa. Está representada, esculpida y convertida en espectáculo.
Y CUANDO PARECÍA QUE YA NO PODÍA PASAR NADA MÁS…
Llegamos al último capítulo.
En la fachada, cerca de la entrada, hay una pequeña pieza que parece casi una anomalía entre tanta arquitectura elegante: una bala de cañón incrustada en el edificio.


Recuerda el bombardeo austríaco de Venecia del 6 de agosto de 1849, durante la resistencia de la ciudad.
Durante mucho tiempo, este episodio se ha contado de manera que puede hacer pensar que aquella bala destruyó la gran cúpula de San Nicola da Tolentino.
Pero aquí la historia obliga a detenerse.
La cúpula original ya no existía en 1849. Había sido desmontada en 1617, más de dos siglos antes.
Así que la bala de cañón pertenece a otra historia: la de una iglesia que, después de perder su cúpula, transformar su fachada y acumular siglos de arte, todavía tuvo que enfrentarse a la guerra.
Y quizá por eso me gusta tanto San Nicola da Tolentino. Porque no es solamente una iglesia. Es casi un edificio escrito por capas: los Teatinos, Scamozzi, una cúpula que desapareció, una arquitectura fingida para sustituirla, una fachada que llegó después, dux enterrados, artistas barrocos y una bala de cañón que todavía recuerda que Venecia también conoció la guerra.
Todo sigue allí. Solo hay que saber dónde mirar.
¿La habías visto alguna vez así, como una iglesia construida varias veces sobre sí misma? ¿Qué detalle de San Nicola da Tolentino te habría pasado desapercibido?
🕙HORARIO DE APERTURA
Lunes, martes, viernes, sábado y domingo de 10:00-12:30 Y DE 15:30-18:00
EN EL MAPA ES EL PUNTO 24 DE LA CAPA "PASEO POR SANTA CROCE"
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