LAS MONJAS 🙏🏼 DEL LLANTO: CUANDO UNA VISIÓN CAMBIÓ VENECIA
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Actualizado: hace 2 días

Junto a la iglesia de ocho lados de Santa María del Pianto se alzó un fascinante convento de monjas, envuelto en el silencio, el recogimiento y una profunda devoción, muy distinto de la vida relajada que caracterizaba a muchas comunidades religiosas venecianas de la época.

Las monjas del monasterio de Santa Maria del Pianto (también conocido como dei Sette Dolori) en Venecia formaron una comunidad de estricta clausura con una historia fascinante marcada por visiones místicas, patronazgo exclusivamente femenino y un rol clave en la expansión religiosa europea.
EL ORIGEN: EL SUEÑO DE UNA MONJA Y LA PESTE
La fundación del monasterio nació de la iniciativa de una mujer: la Madre Maria Benedetta de Rossi tras la devastadora epidemia de peste que asoló Venecia en 1629.
María Benedetta, había fundado anteriormente en Burano una pequeña comunidad de Siervas de María (Servite) entregadas a una vida de extrema pobreza, silencio y penitencia. Mientras la peste asolaba Venecia, dedicó días enteros a la oración, convencida de que solo la misericordia divina podía detener el desastre.

Durante una de aquellas vigilias tuvo una serie de visiones místicas. Comprendió que era necesario crear una institución permanente que orara incesantemente por las almas del Purgatorio y por la protección de la ciudad. No bastaban plegarias momentáneas; debía levantarse un monasterio donde las religiosas vivieran completamente dedicadas a la intercesión, acompañado de una iglesia en la que cada día se celebraran misas por los difuntos.
María Benedetta comunicó aquella visión a su confesor y después al Senado de Venecia. Aunque los magistrados respetaban profundamente la santidad de la religiosa, la propuesta parecía demasiado extraordinaria y durante años quedó sin respuesta.
LA GUERRA QUE LO CAMBIÓ TODO
Entonces la historia volvió a cambiar.
Cuando la República se vio inmersa en la Guerra de Candía, la larga lucha contra el Imperio Otomano por la defensa de Creta, María Benedetta sintió renovarse con fuerza la inspiración que había recibido durante la peste. Escribió de nuevo al Senado, convencida de que la ciudad necesitaba cumplir aquella promesa.

Esta vez fue escuchada.
Las derrotas militares, la incertidumbre y el enorme coste humano de la guerra llevaron a los gobernantes a interpretar la fundación del monasterio como una obra de protección espiritual para la República. El Senado aprobó en 1646 la construcción del nuevo convento y de la iglesia de Santa Maria del Pianto, confiando el proyecto a la propia María Benedetta.
Mediante bula apostólica fechada el 21 de noviembre de 1657, fueron constituidas como monasterio de monjas de la Orden de los Siervos de María, de la segunda reforma de Monte Senario, bajo la regla de san Agustín y bajo la advocación de Santa María del Llanto, destinado a una abadesa y catorce monjas.
Sin embargo, ella sabía que nunca llegaría a habitar el lugar que había inspirado. Escogió personalmente a las primeras religiosas y les confió una misión muy precisa: mantener una oración ininterrumpida por Venecia y por las almas del Purgatorio. Poco antes de que se colocara la primera piedra de los cimientos, murió, dejando su obra en manos de sor María Innocenza Contarini.
A diferencia de otros conventos venecianos de la época, famosos por alojar a hijas de la alta nobleza que vivían con ciertas licencias, el monasterio de Santa Maria del Pianto mantuvo siempre su carácter de clausura estricta y rezo continuo.
Las llamaron Cappuccine porque se cubrían la cabeza con un capirote alargado y puntiagudo y su silueta era idéntica a la de los frailes capuchinos. Este detalle visual hizo que los venecianos las llamaran exclusivamente monache cappuccine.

A comienzos del siglo XIX, las supresiones napoleónicas pusieron fin a la vida del convento, la comunidad fue disuelta y la iglesia quedó clausurada. Su patrimonio artístico fue dispersado, los objetos litúrgicos desaparecieron, los mármoles fueron expoliados y buena parte de sus altares desmontados o robados.
En 1814, el abad Antonio de Martiis adquirió el conjunto. El antiguo convento fue transformado en un centro educativo, mientras que parte de sus dependencias se alquilaron como viviendas. La iglesia sufrió una intervención especialmente agresiva: se dividió en dos plantas, destinándose la superior a un pequeño teatro y la inferior a una fábrica de cerámica.
La recuperación llegó en 1841, cuando el abad Daniele Canal compró el complejo con el propósito de devolverle su carácter religioso. Tras una profunda restauración, solo pudieron recuperarse tres de los siete altares originales —el mayor y los dos laterales—. Finalmente, la iglesia reabrió al culto en 1851, y Canal fundó allí un instituto educativo.



El antiguo convento permaneció en funcionamiento hasta 1970, cuando las últimas religiosas abandonaron definitivamente el edificio. Posteriormente fue vendido y pasó a manos del actual servicio sanitario veneciano (ULSS 12).
EL ROSETO MISTICO
Uno de los espacios más evocadores de aquel convento era el Roseto Mistico, el jardín cerrado de las religiosas. No era un simple huerto. Inspirado en la imagen bíblica del Hortus Conclusus, simbolizaba la pureza de la Virgen y el alma apartada del mundo.



Allí cultivaban rosas y plantas medicinales con las que preparaban remedios para la comunidad, mientras recorrían sus senderos en silencio como parte de su oración cotidiana. Cada flor recordaba un misterio mariano; cada paseo era una forma de contemplación.
Así, la visión nacida durante la peste encontró su culminación no solo en una iglesia barroca, sino también en una comunidad cuya vida transcurría entre el coro de la iglesia de Santa Maria del Pianto (elevado oculto detrás de densas celosías desde donde podían oír al sacerdote y los cantos, pero los fieles en la nave de la iglesia jamás las veían), el claustro y aquel jardín silencioso donde la naturaleza se convertía en oración.
LAS HUELLAS DEL CONVENTO DE SANTA MARIA DEL PIANTO
El antiguo convento se extendía justo a la derecha y detrás de la iglesia de Santa Maria del Pianto (si se mira desde la laguna).


Hoy, las dependencias conventuales albergan servicios ambulatorios del Ospedale Civile (el hospital general de la ciudad), pero también una hospedería para familiares ingresados y médicos: la Foresteria Canal al Pianto ocupa espacios históricos del convento, donde el sacerdote Daniele Canal fundó en 1841, un instituto para niñas abandonadas, en el que se les impartía educación y se les enseñaba el arte del bordado.


La iglesia de Santa Maria del Pianto ha sido reabierta para la Bienale de Arte de 2026 y se ha restaurado el Roseto Mistico que conserva la memoria de aquellas mujeres que creyeron que la oración podía proteger una ciudad entera. La iglesia conserva las rejas donde escuchaban al sacerdote y los cantos.



La Calle de le Capucine nos recuerda la presencia de las monjas del convento.

Venecia es una de esas ciudades donde las huellas conventuales todavía se encuentran ocultas en el entramado de la ciudad y encontrarlas es revivir la historia de la vida mística en la ciudad.
EN EL MAPA ES EL PUNTO 85 y 86 DE LA CAPA "PASEO POR CASTELLO"
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